
Lo recomendable es lavar las fundas una vez por semana, sobre todo si tienes alergia a los ácaros del polvo, aunque para eliminar la suciedad de forma eficaz también es importante saber cómo introducirlas en la lavadora y qué programa utilizar
El cambiar las sábanas una vez a la semana es una de esas rutinas que muchos llevamos en la cabeza grabadas a fuego para mantener una correcta higiene en nuestra cama. A fin de cuentas, todos pasamos entre 6 y 8 horas al día acostados, y en las sábanas se va acumulando el sudor, las células muertas de la piel, la grasa corporal o los ácaros.
Y de hecho, hay estudios que dicen que no las cambiamos tan frecuentemente como deberíamos. Pero aún así, hay un detalle para mantener la higiene que es más importante que cada cuanto las cambiamos: qué hacemos con ellas después de quitarlas de la cama.
Por qué se habla de cambiar las sábanas cada siete días. Aunque la recomendación de renovar la ropa de cama semanalmente se ha transmitido en las casas de padres a hijos, realmente no existe un ensayo clínico que establezca ese plazo como una regla universal. El intervalo de entre 7 y 10 días está relacionado, sobre todo, con las medidas de prevención que se aconsejan a las personas alérgicas a los ácaros del polvo, una pauta respaldada por instituciones sanitarias, o por profesionales como el farmacéutico Álvaro Fernández.
Lo importante no es la frecuencia del cambio, sino la temperatura del lavado
Además, un estudio de Vyszenski-Moher publicado en 2002 puso el foco en las condiciones que necesitan los ácaros para sobrevivir y completar su ciclo vital. Sus conclusiones apuntan a que la temperatura desempeña un papel determinante en su eliminación, por lo que la frecuencia semanal de cambio de sábanas no puede considerarse una garantía para acabar con ellos. Tampoco hay estudios primarios que demuestren que renovar la ropa de cama cada siete días, en lugar de hacerlo cada dos semanas, aporte beneficios medibles para la salud de la población general.
La temperatura del lavado marca la diferencia. Más allá de la frecuencia con la que cambiemos las sábanas, lo importante es cómo las lavamos. Lo más eficaz para eliminar los ácaros es lavar las sábanas a una temperatura suficientemente alta, siempre que el tejido lo permita. También conviene evitar los ciclos rápidos, ya que su menor duración puede resultar insuficiente para una limpieza en profundidad. La cantidad de ropa que introducimos en el tambor también influye: si lo llenamos demasiado o mezclamos las sábanas con muchas otras prendas, el agua y el detergente tendrán más dificultades para actuar correctamente sobre toda la carga.
Para saber a qué temperatura hay que lavar las sábanas, un estudio publicado en 2008 analizó la supervivencia de los ácaros a distintas temperaturas y obtuvo resultados de lo más contundentes. Con un lavado a 30 ºC solo murió el 6,5% de los ejemplares, mientras que a 40 ºC la cifra apenas subió al 9,6%. En cambio, los lavados a 60 ºC y los tratamientos con vapor consiguieron eliminar todos los ácaros.
¿Conviene dejar la cama sin hacer por la mañana? Junto al cambio de las sábanas cada semana, hay otra rutina que todos tenemos también de los asumida: dejar que las sábanas se ventilen antes de hacer la cama para favorecer la ventilación y reducir la presencia de ácaros. Sin embargo, estos organismos son capaces de adaptarse a condiciones ambientales poco favorables y recuperar la hidratación cuando aumenta la humedad. De hecho, la que desprendemos mientras dormimos puede ser suficiente para que vuelvan a hidratarse, tal y como recoge una investigación publicada en el Journal of Medical Entomology.
Más allá de los ácaros, ¿qué encontramos en la cama?
Las sábanas y las almohadas también pueden acumular hongos. Un análisis de diez almohadas utilizadas encontró entre cuatro y catorce especies diferentes en cada una, entre ellas Aspergillus fumigatus. En cuanto a la prevención de posibles infecciones durante las tareas de lavado, la higiene de las manos al manipular la ropa sucia es una medida importante para reducir riesgos.
Si además compartimos la cama con perros o gatos, puede ser conveniente lavar la ropa de cama con mayor frecuencia, ya que el pelo y la suciedad que traen consigo aumentan la cantidad de residuos que se acumulan en los tejidos. En cualquier caso, la temperatura de lavado sigue siendo un factor determinante para eliminar los ácaros, por lo que conviene consultar las instrucciones de cada tejido y utilizar, siempre que sea posible, un programa a 60 ºC.
Fotografías | Noel Nicolas, rawpixel para Magnific
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