La lavanda tiene fama de planta resistente, y no es inmerecida. Está acostumbrada a crecer en ambientes soleados y relativamente secos y, una vez bien asentada, no necesita que estemos continuamente pendientes de la regadera.
Sin embargo, hay dos condiciones que pueden marcar la diferencia entre una planta vigorosa y una que más bien tiene pinta de empezar a deteriorarse: muchas horas de sol y un suelo que drene correctamente.
No al exceso de agua
De hecho, uno de los errores más habituales al cuidar la lavanda es tratarla como otras plantas ornamentales que agradecen una humedad más constante. Con esta aromática ocurre prácticamente lo contrario: el exceso de agua alrededor de las raíces puede resultar mucho más problemático que quedarse algo cortos con el riego.
El lugar importa
Antes de pensar en fertilizantes o trucos para estimular la floración, conviene fijarse en algo bastante más sencillo: dónde hemos colocado la planta. La lavanda se desarrolla mejor a pleno sol, por lo que necesita un espacio que reciba varias horas de luz directa al día.
Una terraza luminosa, un balcón soleado o una zona despejada del jardín suelen ser ubicaciones mucho más apropiadas que los rincones permanentemente sombreados. En este sentido comparte sus consejos @delatorreartefloral, que anima a "dejar de exterminar" estas plantas en casa.
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Ahora bien, no todas las lavandas son exactamente iguales, sino que existen numerosas especies, variedades e híbridos, con diferencias en tamaño, resistencia al frío o época de floración. Aun así, su preferencia por los emplazamientos luminosos es una característica común en muchas de las variedades que cultivamos habitualmente en casa.
El verdadero peligro puede estar bajo tierra
La segunda cuestión importante apenas se ve. Las raíces de la lavanda no llevan bien permanecer durante demasiado tiempo en un terreno encharcado, así lo exponen desde PurPlant en redes.
@pur_plant Si riegas tu lavanda todos los días... deja de hacerlo. La lavanda es una planta mediterránea. 🌿 Está acostumbrada al sol, al calor y a vivir con poca agua. De hecho, el exceso de riego es una de las principales razones por las que acaba muriendo. 💧 ¿Cuándo regarla? ✔️ Cuando el sustrato esté completamente seco. ✔️ Riega bien, pero sin encharcar. ✔️ Mejor un riego profundo de vez en cuando que un poquito cada día. ☀️ En verano necesitará algo más de agua, pero siempre dependerá del calor, del sol y de si está en maceta o plantada en el suelo. Recuerda: la lavanda prefiere pasar un poco de sed antes que tener las raíces constantemente húmedas.
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Los suelos muy compactos pueden retener el agua después del riego o de varios días de lluvia y crear unas condiciones poco favorables para la planta. La humedad persistente alrededor de las raíces aumenta el riesgo de que estas terminen deteriorándose.
Por eso, antes de plantar una lavanda en el jardín es importante comprobar el drenaje; es decir que el agua puede filtrarse con relativa facilidad. Cuando el terreno es especialmente pesado, cultivarla en una zona elevada o recurrir a una maceta puede facilitar su control.
En este último caso hay una regla especialmente sencilla, y pasa por que el recipiente debe disponer de suficientes orificios para que el agua sobrante pueda salir. De poco sirve controlar cuánto regamos si después el líquido queda atrapado en el fondo.
Fotos | Pexels/Onkel Ramirez
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