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Hazlo tú mismo: un cuadro con las huellas de tus animales

Hazlo tú mismo: un cuadro con las huellas de tus animales
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Hace ya tiempo escribí un post sobre una empresa que hacía recuerdos con las huellas de recién nacidos, y entonces prometí mostraros como había realizado una idea similar, mucho menos elaborada, pero con un resultado muy bueno, al menos visto desde el punto de vista sentimental.

Hace unos años decidí inmortalizar de alguna manera a mis pequeñas fieras, para tener un recuerdo que permaneciera para siempre y tomé unos moldes de sus huellas que enmarqué.

El proceso no es demasiado complicado, solo hace falta un bloque de arcilla, un par de gatos voluntarios y unos marcos con un fondo generoso. Opcionalmente se puede pintar o revestir el fondo, en este caso yo utilicé una fina lámina de madera pintada.

Detalle de las huellas de Uma

Lo primero que hay que hacer es tener claras las medidas para realizar una pequeña placa de arcilla en la que plasmar las huellas. Teniendo en cuenta que las patas de los gatos no son demasiado grandes, realicé varias placas de 7 × 7 centímetros de lado. Las alisé hasta darles una textura fina y con cuidado de que no se secaran, fui en busca de mis gatos.

Ellos no están acostumbrados a estos lances, ya que al carecer de D.N.I, el gesto de tomar huellas les es desconocido, pero después de alguna carrera por la casa en la que siempre acababa perdiendo yo, conseguí las codiciadas huellas. Lola miraba con resignación sin entender nada: – otra idea de la loca esta… parecía gritar desde esos azules y pérfidos ojos.

Huellas de Lola

Huellas de Uma

Escogí las placas que habían quedado mejor y deseché las que tenían las huellas menos marcadas. Con ayuda de un punzón escribí sus nombres y la fecha en curso. Al final, las definitivas pasaron un tiempo en lo alto de un armario secándose. Reconozco que este paso se puede realizar en un horno, pero no tenía prisa y decidí hacerlo así.

Una vez secas, tomé los marcos y revestí los fondos con una lámina de madera muy fina y la pinté de un tono similar a la pared en la que iban a ir emplazados. Una vez seca la pintura, solo hubo que pegar las placas con un adhesivo extra-fuerte y montar los marcos.

Me gustaba como quedaba el color de la arcilla y además combinaba bien con los colores de mi habitación, así que opté por dejar las placas tal y como estaban, pero también se pueden pintar en cualquier color que sea de vuestro agrado. El resultado es el que veis en las imágenes.

Pase lo que pase con mis chicos, estos estarán siempre conmigo y sus huellas me recordarán sus dulces zarpazos.

En Decoesfera | Impresiones, recuerdos que decoran

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