Con un punto salvaje, la isla de Menorca recibe cada verano a las estrellas y famosos más bohemios del panorama nacional. Uno de ellos es la periodista Mercedes Milà, que lleva décadas vinculada a la isla y cuenta con una vivienda en Maó en la que ha construido un refugio precisamente muy diferente a los interiores perfectamente coordinados que suelen protagonizar las revistas de decoración.
Su dormitorio es probablemente uno de los espacios que mejor lo demuestra. Aquí no hay una decoración diseñada alrededor de muebles idénticos ni una composición especialmente simétrica. En cambio, la apuesta por el blanco es total y funciona como punto de partida y son los cuadros, fotografías, textiles y recuerdos los encargados de darle personalidad.
Luminosidad potenciada
La elección del color encaja además con la arquitectura mediterránea. Paredes, elementos de obra y buena parte del mobiliario comparten el blanco, lo que ayuda a potenciar la luminosidad y permite introducir numerosos objetos sin que la habitación resulte visualmente demasiado cargada.
Azul, el contrapunto
El contraste aparece principalmente alrededor de la cama. Mercedes Milà introduce diferentes tonalidades de azul y turquesa mediante cojines, estampados y textiles, una combinación inevitablemente asociada al Mediterráneo pero utilizada aquí sin convertir el dormitorio en una habitación de estética marinera convencional sin personalidad.
La mezcla es bastante freestyle: hay diferentes estampados, piezas decorativas que no pertenecen a una misma colección y objetos acumulados con el tiempo. Así, el resultado se acerca más a una habitación vivida (algo que caracteriza a la vida de la periodista) que a un dormitorio creado de una sola vez siguiendo una tendencia.
Un cabecero parte de la pared
Uno de sus elementos más particulares está detrás de la cama. En lugar del habitual cabecero de madera, fibras naturales o tela, Milà cuenta con una estructura de obra completamente blanca que se integra en la propia arquitectura de la habitación.
La parte superior funciona además como una larga repisa. Sobre ella se apoyan fotografías, láminas, una lámpara y pequeños objetos personales, convirtiendo una solución arquitectónica muy sencilla en un espacio adicional para exponer recuerdos, según deja ver en sus fotos en redes sociales.
Entre las piezas puede verse incluso una representación de Scott, el perro que durante años acompañó a la periodista y que apareció con frecuencia en sus programas y publicaciones en redes sociales. La decoración adquiere así un componente personal que va más allá de una puesta en escena premeditada.
Las paredes son una pequeña galería
El arte es otro de los grandes protagonistas. En lugar de elegir dos o tres cuadros coordinados, la periodista reúne obras de diferentes tamaños, marcos y estilos. El resultado es que hay piezas con madera, acabados oscuros y dorados que conviven, todos juntos, sobre las paredes blancas.
Tampoco todas están colocadas de la misma manera. Algunas aparecen colgadas y otras simplemente apoyadas, una fórmula que permite modificar fácilmente la composición y que transmite la sensación de una colección que ha ido creciendo con los años.
El fondo blanco resulta fundamental para que esta mezcla funcione. Al mantener prácticamente neutra la arquitectura, son las obras, fotografías y textiles los que introducen el color y atraen la mirada.
Incluso la mesita situada junto a la cama se aleja del modelo tradicional. En su lugar aparece una pieza blanca, amplia y sencilla que ofrece superficie suficiente para dejar objetos cotidianos y elementos decorativos sin competir visualmente con el resto de la habitación.
Como no podía ser de otro modo, el dormitorio de Mercedes Milà demuestra así una forma muy personal de interpretar el estilo mediterráneo: paredes blancas, azul en pequeñas dosis y, sobre todo, una casa llena de cosas que tienen significado para quien vive en ella.
Fotos | @mercedesmila/Instagram y @mercedesmila/Tik Tok
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