Más allá del ahorro económico, gestionar bien la calefacción es una forma de cuidar el hogar y hacerlo más sostenible
Un temporal de borrascas, nieve y lluvias incesables, repunta una de las grandes dudas en los hogares vuelve a aparecer: ¿es mejor apagar la caldera y la calefacción por la noche o mantenerla encendida a baja potencia? La respuesta no es universal y, como ocurre con muchas decisiones relacionadas con el bienestar en casa, depende tanto de factores técnicos como de nuestras propias rutinas y preferencias.
Desde el punto de vista energético, apagar la calefacción durante varias horas supone, en principio, un ahorro. Mientras el sistema está apagado, no consume energía y la vivienda pierde calor de forma gradual. El problema surge a la mañana siguiente, la caldera debe recuperar su temperatura óptima antes de poder conducir el calor a los radiadores, un proceso que lleva tiempo y que puede traducirse en mañanas frías. Pero, ¿Compensa ese ahorro nocturno? Según los expertos, la respuesta está en el equilibrio.
Aislamiento, hábitos y confort
El experto energético Javier Dasí (@javier_dasi) lo resume con claridad, todo depende del nivel de confort que cada persona necesite. “Si dejamos la calefacción encendida al mínimo, vamos a estar mucho más confortables y habrá una mayor temperatura ambiente, pero también gastaremos más. Si, por el contrario, la apagamos, el consumo será menor y la temperatura bajará, aunque seguirá siendo una temperatura bastante confortable para dormir”, explica.
El aislamiento de la vivienda juega aquí un papel fundamental. En casas bien aisladas, la pérdida de calor durante la noche es menor, por lo que bajar la calefacción o incluso apagarla puede no suponer una diferencia térmica significativa. En viviendas antiguas o mal aisladas, el descenso de temperatura puede ser más acusado y el esfuerzo posterior de la caldera, mayor.
La recomendación de los fabricantes
Desde empresas especializadas en climatización eficiente, como Daikin (@daikinspain), la recomendación es clara, mejor reducir la temperatura que apagar completamente el sistema. Mantener un régimen continuo evita picos de consumo y mejora la eficiencia global.
“Cuando vamos a dormir, lo conveniente es bajar algunos grados, ya que estamos tapados, y volverlos a subir al despertar. También es muy recomendable el uso de termostatos programables que regulan la temperatura de forma automática”, señalan desde la compañía.
La pauta ideal, según estos expertos, pasa por mantener la vivienda entre 19 y 20 ºC cuando estamos en casa y activos, y reducirla a unos 15 o 17 grados durante la noche o cuando salimos. Dejar la calefacción todo el día a la misma temperatura, además de innecesario, incrementa notablemente el consumo.
Fotografía de portada | Unsplash
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