Las soluciones tecnológicas actuales permiten reducir tanto el consumo de energía como el uso de agua, al mismo tiempo que contribuyen a mejorar las condiciones de higiene en el hogar
La cocina es el espacio del hogar donde se concentra un mayor consumo de energía y recursos. Electrodomésticos en funcionamiento constante, grifos abiertos y ciclos de lavado que se repiten a diario marcan su uso cotidiano. En este contexto, crece la preocupación por elegir equipos más eficientes, tanto por criterios de sostenibilidad como por el impacto directo en la factura energética.
Al comprar un nuevo electrodoméstico, es habitual comparar opciones para identificar cuáles consumen menos o valorar qué sistema resulta más conveniente, como ocurre al elegir entre una placa de inducción y una vitrocerámica. En el caso de los lavavajillas, las diferencias entre modelos también son significativas, especialmente en términos de consumo de agua y electricidad.
Paul Carcel, business manager de CBI & Dishwasher en Haier Smart Home Iberia, ha explicado para AS, y con motivo de la presentación de la nueva gama de la firma en París, ha explicado en una entrevista en AS, que "los lavavajillas actuales pueden generar un ahorro significativo a lo largo del año gracias a tecnologías diseñadas para optimizar cada ciclo de lavado". No es solo una cuestión de hábitos, sino de lo que hay dentro del aparato.
La etiqueta energética importa más de lo que parece
El primer punto al que apunta Carcel es la clasificación energética. Desde 2021, la escala europea pasó a funcionar de la A a la G, eliminando los antiguos A+++. Lo que antes podía parecer un detalle técnico tiene ahora consecuencias directas en la factura. "Algunos modelos incorporan clase energética A-30%, lo que significa que consumen hasta un 30% menos de energía que el umbral exigido para obtener la clase A", explica el experto.
Para hacerse una idea de lo que eso supone en términos reales: con unos 200 ciclos anuales (que es una frecuencia bastante habitual en una familia), la diferencia entre un modelo eficiente y uno estándar puede rondar los 30 o 40 euros al año en electricidad. No es una cantidad que cambie la vida, pero tampoco es irrelevante si se suma al ahorro en agua, que en los modelos más eficientes puede bajar hasta los 9 litros por ciclo, frente a los 12-14 litros de los convencionales.
Los motores con bomba de calor, la tecnología que marca la diferencia
Más allá de la etiqueta, Carcel insiste en que la eficiencia real depende del sistema interno del aparato. "La eficiencia también depende del tipo de sistema que incorpore el aparato", señala, y destaca en particular los modelos que integran motores con bomba de calor. "Este tipo de motores permite reducir de forma notable el consumo de agua y energía sin comprometer el rendimiento de lavado."
La idea es sencilla: aprovechar mejor el calor generado durante el ciclo para secar la vajilla y mantener la temperatura del agua, en lugar de generar calor nuevo constantemente. El resultado es que los platos quedan igual de limpios, pero el aparato trabaja con menos recursos en cada ciclo.
Higiene interior del lavavajillas sin agua adicional
Hay otro aspecto que Carcel menciona y que no suele aparecer en las comparativas habituales: el mantenimiento de la higiene interior del propio electrodoméstico. "Tecnologías como Odor Safe ayudan a reducir las bacterias causantes del mal olor y mantienen el interior del lavavajillas más fresco sin necesidad de utilizar agua", detalla.
Es un detalle que tiene más relevancia de lo que parece. El interior de un lavavajillas acumula restos de comida y humedad con cada uso, lo que puede generar olores y proliferación bacteriana si el aparato no se gestiona bien. Que el propio electrodoméstico incorpore sistemas para controlar esto sin consumo adicional de agua es un paso más hacia una mayor eficiencia global.
La conclusión que se extrae de todo esto no es especialmente complicada: cuando toca renovar el lavavajillas, la etiqueta energética y la tecnología del son los dos factores que más van a influir en lo que ese aparato le cuesta al hogar durante los próximos diez años.
Fotografías | Haier
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