Yone, de 32 años, vive en una casa perdida entre las montañas de Burgos con sus animales rescatados: "Es duro, pero no es más duro que vivir la vida que no quería vivir"

Yune vida rural

Dejó atrás la ciudad para instalarse en una antigua casa rodeada de naturaleza y compartir su día a día con sus 12 gatos y 4 perros

Hay casas que se compran y casas que, de alguna manera, parecen encontrarte a ti. A Yone, de 32 años, le ocurrió algo parecido cuando descubrió una vivienda escondida entre las montañas de Burgos. No era exactamente la casa que había imaginado, ni mucho menos una vivienda lista para entrar a vivir, pero había algo en ella que la hizo sentir que aquel lugar podía convertirse en su hogar. 

Rodeada de naturaleza, lejos del ruido de la ciudad y acompañada de los animales que ha rescatado a lo largo de los años, comenzó una nueva etapa que, aunque no ha estado exenta de dificultades, le ha permitido acercarse a la vida que siempre había deseado.

Su historia, compartida en el canal de YouTube de hilux_aventura, es también la de una mujer que ha decidido escuchar una llamada interior y dar un giro radical a su existencia. Una decisión valiente, aunque no siempre sencilla, que demuestra que cambiar de vida no consiste únicamente en encontrar una casa bonita, sino en atreverse a construir un hogar acorde con lo que uno necesita.

Una casa entre montañas para empezar de nuevo

La naturaleza ha formado parte de los deseos de Yone desde que era pequeña. La tranquilidad, el silencio y la posibilidad de vivir rodeada de paisajes abiertos siempre han ejercido una atracción especial sobre ella. Por eso, cuando empezó a buscar una vivienda, tenía claro que no quería limitarse a encontrar cuatro paredes: necesitaba un entorno en el que pudiera sentirse libre. "Sentí una llamada de la naturaleza, de lo salvaje desde pequeñita, la paz, el silencio...", explica en la entrevista.

Aunque su primera idea era instalarse en Euskadi, encontrar una casa que reuniera sus requisitos y encajara en su presupuesto resultó complicado. Los precios y las características de las viviendas que visitaba no terminaban de convencerla, hasta que apareció una propiedad en las montañas burgalesas que despertó su interés.

La vivienda tenía un precio inicial de 85.000 euros, una cantidad que tampoco resultaba especialmente asequible para ella. Finalmente, consiguió negociar la compra por 70.000 euros. Más allá de las características del inmueble, lo que terminó inclinando la balanza fue el lugar. "Yo quería un sitio donde viva con muy poca gente y donde me pueda ir en pijama al monte. Entonces, más que la casa, pagué el entorno", cuenta.

La primera visita llegó en enero de 2026 y, después de meses de búsqueda, incertidumbre y dificultades, consiguió hacerse con la casa en abril de ese mismo año. Para entonces, ya había imaginado muchas veces cómo sería vivir allí. Lo que todavía no sabía era cuánto trabajo le esperaba antes de poder disfrutar plenamente de su nuevo hogar.

Una casa con magia y trabajo por delante

En la historia de Yone hay un componente emocional que va más allá de la compra de una vivienda. Desde el primer momento, sintió una conexión especial con aquella casa, como si hubiera aparecido justo cuando tenía que hacerlo. "No sé ni cómo ni por qué la encontré, porque no entraba dentro de lo que yo podía permitirme, pero la vi y parecía una casa de hadas", recuerda.

Para ella, las coincidencias que rodearon el descubrimiento de la propiedad reforzaron esa sensación. El número, la calle y hasta el nombre de la casa le parecieron señales de que aquel lugar tenía algo especial. "La casa tiene magia, te llama, me estaba esperando", asegura.

Sin embargo, el encanto de la vivienda escondía una realidad mucho más compleja. La casa, construida en 1986, necesitaba importantes trabajos de rehabilitación. La maleza había invadido parte del exterior y, aunque Yone quería conservar aquella vegetación que le daba un aspecto casi silvestre, tuvo que retirarla porque estaba dañando la estructura del inmueble.

En el interior, los problemas eran todavía más preocupantes. La carcoma había afectado a elementos de madera y las vigas requerían atención. También aparecieron dificultades relacionadas con la fontanería y otras cuestiones que no siempre se detectan durante una primera visita. "Ahora me ves aquí con una sonrisa, pero me entró un bajón", confiesa.

La situación llegó a ser tan complicada que, en algunos momentos, incluso se planteó vender de nuevo la vivienda. Había encontrado el lugar con el que llevaba tanto tiempo soñando, pero la cantidad de trabajo pendiente amenazaba con convertir aquella ilusión en una fuente constante de preocupación.

"Tú te compras una casa que llevas muchísimo tiempo buscando y lo único que quieres es pintar y poner todo bonito... y te encuentras con un percal que madre mía, lo único que quieres es vender tu casa de nuevo", explica.

Pero los meses han ido pasando y su percepción de la casa también ha cambiado. Lo que al principio parecía un problema imposible de resolver empieza a convertirse, poco a poco, en un proyecto de vida real. "Pero ahora han pasado varios meses y ya digo... bueno, pues igual sí que puedo vivir aquí", reconoce.

El precio emocional de cambiar de vida

Dejar atrás una forma de vida conocida no siempre significa encontrar inmediatamente la paz. Aunque Yone aparece sonriente cuando habla de su casa, el proceso hasta llegar allí ha estado marcado por momentos de soledad, agotamiento y dudas. "Tengo 32 años. Llegar hasta aquí ha sido muy duro sentimentalmente y todo el camino, los límites mentales que te ponen hasta llegar hasta aquí", explica.

Durante años ha trabajado en diferentes empleos, haciendo todo lo que ha podido para salir adelante. En el momento de la entrevista se encontraba en el paro, una situación que había decidido aprovechar para descansar, atender a sus animales y avanzar en las obras después de un periodo de agotamiento mental.

No se trata de una postal idílica en la que todo resulta sencillo. Vivir en una zona de montaña implica asumir dificultades, especialmente durante el invierno, cuando el clima puede condicionar el día a día y las tareas de mantenimiento de la vivienda.

Yone reconoce que tiene miedo a esa época del año, aunque sabía que formaba parte de la decisión que estaba tomando. Elegir la naturaleza también significa aceptar sus exigencias y aprender a convivir con un entorno que no siempre se adapta a nuestros horarios o necesidades.

Aun así, la posibilidad de organizar su tiempo de otra manera parece compensar buena parte de esas dificultades. En su relato aparece una idea recurrente: la diferencia entre vivir por inercia y tomar decisiones que permitan acercarse a aquello que uno desea. "Viviendo en la naturaleza no estás como apagado, muerto y todo el día mirando el móvil", reflexiona.

Pero hay una frase que resume el sentido de toda esta historia y que explica por qué Yone ha seguido adelante incluso cuando la rehabilitación de la casa parecía superar sus fuerzas. "Es duro, pero no es más duro que morirse y decir: "Wow, viví la vida que no quería vivir"", afirma.

Fotografía de portada | hilux_aventura

En Decoesfera | Adiós a la casa de Antonio Banderas en Marbella. Fue construida en tiempos de Jesús Gil y acaba de ser derribada por no cumplir la ley de costas

En Decoesfera | Así es la casa de Mbappé en Madrid. Cuesta 11 millones, tiene 11 cuartos de baño y varias piscinas

Ver todos los comentarios en https://decoracion.trendencias.com

VER 0 Comentario
↑