Descalzarse al llegar a casa es una costumbre que se hace en países como Japón y que en España deberíamos incorporar a nuestros hábitos
Hay costumbres que en España siguen sin terminar de arraigarse. Quitarse los zapatos al entrar en casa es una de ellas. Lo vemos normal en las series nórdicas, en las películas japonesas, en casa de algún amigo con cierta obsesión por la limpieza... pero en general, la mayoría entramos con los zapatos puestos sin pensarlo demasiado. Y eso, que desde pandemia, en muchas casas cogimos esa costumbre, y todavía la mantenemos en activo.
El problema es que los datos apuntan a que el no quitarse el calzado nada más entrar en casa tiene consecuencias bastante más serias de lo que parece. Varios estudios han analizado en los últimos años cuántas bacterias viajan en las suelas de nuestros zapatos, y los resultados no dejan mucho margen a la duda.
Uno de los más citados, realizado por el Cleaning Industry Research Institute (CIRI) en Estados Unidos, encontró cerca de 420.000 unidades de bacterias en la parte exterior del calzado. La bacteria E. coli, que proviene principalmente de materia fecal, aparece en el 96% de los casos. Lo que quizá es más llamativo: la tasa de transferencia de esas bacterias al suelo de casa puede llegar al 99%. Y el 27 % contenía Escherichia coli, una bacteria relacionada con diversas infecciones y con intoxicaciones alimentarias graves
Lo que traes en la suela sin saberlo
Dicho así puede sonar exagerado, pero tiene mucha lógica si se piensa bien. Caminamos por aceras, jardines públicos, baños de bares, aparcamientos... El calzado recoge todo eso y lo introduce en casa sin que nos demos cuenta. Y una vez dentro, esas bacterias no se quedan en el recibidor: las vamos repartiendo por el pasillo, la cocina, el salón y los dormitorios. Zonas donde, en muchos casos, los niños juegan directamente en el suelo.
La solución no requiere grandes cambios. Basta con dejar los zapatos de calle en la entrada y tener un calzado de interior reservado para casa. Instalar en esta zona de casa un mueble zapatero, o un banco descalzador, puede ayudarnos a asentar esa costumbre.
Además, el mismo estudio del CIRI señala que lavar el calzado con agua caliente y detergente, cuando el material lo permite, reduce la transferencia bacteriana en torno a un 90%.
No hace falta convertir la entrada en un armario zapatero de revista, aunque tampoco viene mal tener un mueble donde dejar el calzado ordenado nada más llegar. Es un hábito que, una vez instaurado, resulta tan automático como dejar las llaves en el mismo sitio de siempre.
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