Integrar artesanía y cerámica es una tendencia al alza para personalizar nuestras casas, hasta convertirse en un elemento central del interiorismo actual
Durante años, la decoración de interiores pareció avanzar en una única dirección. Espacios cada vez más depurados, dominados por líneas rectas, paletas neutras y una idea de orden casi inquebrantable. El blanco, el beige y los materiales ligeros se impusieron como sinónimo de calma, mientras cualquier elemento que rompiera esa uniformidad quedaba fuera de juego.
En ese contexto, muchos hogares acabaron perdiendo algo por el camino. La búsqueda de la limpieza visual llevó a prescindir de piezas con historia, de objetos con valor emocional y de todo aquello que aportara carácter propio. Los interiores se volvieron intercambiables, correctos pero previsibles, como si pudieran pertenecer a cualquier ciudad y a cualquier persona.
Ahora, con la mirada puesta en espacios más vividos y personales, la cerámica y la artesanía recuperan al fin su lugar. Frente a la perfección industrial, estas piezas introducen textura, matices y cierta imperfección que resulta mucho más cercana. Integrarlas en casa no es solo una cuestión estética, sino también una forma de devolver identidad a los espacios y reconectar con materiales y procesos más humanos.
El decorador y ceramista Guille García-Hoz es de esos profesionales que llevan décadas en esto, lo suficiente como para ver las tendencias llegar, instalarse y, a veces, marcharse. La cerámica, en su caso, no es una moda. Es su territorio. Y cuando habla de ella, lo hace con la perspectiva de alguien que conoce el oficio desde dentro: como creador y como interiorista que lleva años integrando piezas artesanas en proyectos reales. Y en esta ocasión, desde Decoesfera le hemos preguntado cómo sacarle partido a la cerámica en casa, sin que quede ni anecdótica ni fuera de lugar.
La artesanía como argumento
Para García-Hoz, la relación entre cerámica y decoración contemporánea es ya indisociable: "Hoy en día es imposible pensar en una sin la otra, ya que si la huella humana para muchos siempre ha sido importante, con el auge de las nuevas tecnologías se vuelve un argumento en sí misma, un acto de resistencia, una declaración de intenciones y hasta un lujo en el sentido más punk de la palabra."
No es una postura estética, sino casi una forma de entender la casa. Frente a los renders perfectos y a los espacios que parecen salidos de un programa, lo hecho a mano introduce matices que la producción en serie no tiene: pequeñas variaciones, textura, cierta sensación de vida. "Al humanizar la casa la convertimos en un hogar y la dotamos de realidad, adquiere así sentido y profundidad", explica el ceramista.
"Ya en su día los renders o visualizaciones 3D empezaron a pecar de fríos y se opta actualmente por representaciones más imperfectas e interesantes. Si queremos dotar de alma nuestros interiores, en la artesanía tenemos una gran aliada."
Por dónde empezar (y la respuesta es: por cualquier sitio)
Una de las preguntas que más frena a quien quiere incorporar artesanía en casa es bastante simple: ¿por dónde empiezo? No siempre está claro cómo integrarla, y a menudo aparece la duda de si encajará en un espacio más actual sin que quede como un pegote. Esa inseguridad, más que una cuestión de estilo, es lo que hace que muchos acaben dejándolo para más adelante.
García-Hoz tiene una respuesta que desmonta cualquier excusa: "Lo mejor de todo es que se puede empezar por cualquier lado, por una mantelería —Eturel las tiene preciosas y con una historia y carácter apasionante—, usando fibras naturales hechas a mano por artesanos en persianas, lámparas o cabeceros, por detalles decorativos o revestimientos… la clave es buscar la mano, todo aquello que nos acerca —finalmente— a nosotros mismos."
Nada de reglas estrictas (y menos aún de mesura)
Preguntarle a Guille García-Hoz cuánta cerámica es demasiada tiene una respuesta que habla mucho de su manera de entender los espacios: "Debo decir que nunca he visto una casa con 'demasiada' cerámica, si es que eso existe. Personalmente tiendo a atiborrar las vitrinas de ella, mezclarla con libros en las estanterías o hacer bodegones XL en el salón o cocina. La cerámica siempre ha estado ahí; lo que quizá es que ahora nos estamos dando más cuenta y hemos empezado —ya desde hace algún tiempo— a valorarla como contenido y protagonista incluso de nuestras decoraciones."
Eso sí, cuando se trata de agrupar piezas — sobre una consola, en una estantería, encima de la mesa de centro— hay algo que sí funciona como criterio: "Como en todo, tiene que haber un aparente caos escondiendo un cierto tipo de orden. La mezcla de blancos puede ser muy interesante, pero si dentro de esta añadimos una pieza que destaque, también puede quedar muy potente."
A la hora de comenzar, el interiorista tiene una respuesta que desmonta cualquier excusa: "Lo mejor de todo es que se puede empezar por cualquier lado, por una mantelería —Eturel las tiene preciosas y con una historia y carácter apasionante—, usando fibras naturales hechas a mano por artesanos en persianas, lámparas o cabeceros, por detalles decorativos o revestimientos… la clave es buscar la mano, todo aquello que nos acerca —finalmente— a nosotros mismos."
En este sentido, lo mejor es no planificar ni realizar grandes inversiones desde el principio. La artesanía, en su lógica, se acumula con el tiempo conforme vamos encontrando esas piezas que nos atrapan, y mejora con la mezcla.
El tamaño importa, pero no como crees
Con las piezas pequeñas, el decorador recurre a la acumulación. Pero hay algo que señala y que resulta contraintuitivo: "Es curioso cómo de repente la propia pequeñez de la pieza en un contexto determinado, aislada, puede adquirir gran protagonismo." Dicho de otro modo: no hace falta rodearse siempre de piezas grandes para que algo llame la atención.
A veces, una sola pieza pequeña en el lugar adecuado hace más que un conjunto numeroso. Cuando sí opta por lo grande, el criterio es claro: "Siempre y cuando tenga espacio que le deje respirar y dé sentido."
Las paredes también son territorio cerámico
Además, García-Hoz apuesta por transformar las paredes de las casas para crear dar protagonismo en ellas a la cerámica. "Los objetos de pared sustituyendo o conviviendo con otro tipo de obra suelen funcionar muy bien. Tenemos que dejar de pensar en las paredes como algo bidimensional, gracias a la cerámica podemos aportarle muchísima riqueza dotándolas de volumen."
Una idea que, llevada a la práctica, cambia completamente cómo se percibe un espacio. Las paredes dejan de ser meros fondos para convertirse en superficies activas y llenas de vida con las que completar la envolvente de cualquier vivienda.
El único error que sí le importa
Aunque no es especialmente rígido a la hora de mezclar, acumular y combinar, hay algo con lo que el ceramista sí marca distancia: "Lo único que me chirría son las piezas falsamente artesanas, es decir, aquellas que han sido elaboradas industrialmente fingiendo haber sido trabajadas por la mano humana." La autenticidad, en definitiva, como única línea que no conviene cruzar. Todo lo demás —el tamaño, la cantidad, el estilo— es territorio de exploración.
La cerámica brilla por sí sola
Y para iluminarla, García-Hoz tampoco se complica: "Soy poco partidario de las iluminaciones histriónicas para la cerámica; es algo que siempre y de manera natural nos ha acompañado en nuestras casas. ¿Por qué ahora tiene que parecer algo a destacar? Esa es la gran magia de la cerámica: que sin grandes efectos ya funciona."
A partir de esa idea, la clave está en entender que la cerámica no necesita protagonismo forzado, sino un contexto adecuado. Funciona mejor cuando se integra en la iluminación general de la estancia, sin focos excesivamente dirigidos ni contrastes duros. Una luz ambiente bien resuelta permite que las piezas se perciban con naturalidad, sin alterar sus colores ni sus acabados. En este sentido, conviene evitar temperaturas de color demasiado frías, que tienden a endurecer las texturas, y optar por luces cálidas o neutras que respeten su carácter.
Fotografías | Inés Garp
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