Cómo deducirte las reformas en casa en la Renta: lo que puedes desgravarte y lo que no

Antes de iniciar cualquier reforma con la intención de desgravarla, conviene revisar la normativa vigente

Reformar una vivienda es, para muchos hogares, una decisión que responde a necesidades prácticas, pero también puede convertirse en una oportunidad para reducir la factura fiscal. Eso sí, conviene tener claro desde el principio que no todas las obras dan derecho a deducción. 

De hecho, la normativa vigente en España, regulada por la Agencia Tributaria, es bastante clara y afirma que solo aquellas reformas vinculadas a la eficiencia energética permiten beneficiarse de ventajas en la declaración de la renta.

En los últimos años, y en línea con los objetivos europeos de sostenibilidad, el sistema fiscal español ha incorporado incentivos para impulsar la rehabilitación energética de viviendas. Estas deducciones, incluidas en la normativa del IRPF, no solo buscan reducir el consumo energético, sino también modernizar el parque inmobiliario.

Mejora de la eficiencia energética

El primer nivel de deducción permite recuperar hasta un 20% de la inversión realizada, siempre que las obras consigan una reducción de al menos el 7% en la demanda de calefacción y refrigeración. Este tipo de actuaciones suele centrarse en mejoras relativamente accesibles, como el cambio de ventanas, el refuerzo del aislamiento térmico o la sustitución de sistemas de climatización por otros más eficientes. 

Reducción de consumo de energía primaria

Un segundo escalón eleva la deducción hasta el 40%, pero también exige un esfuerzo mayor, en este caso, la vivienda debe reducir su consumo de energía primaria no renovable en al menos un 30%, o bien alcanzar una calificación energética de tipo A o B.

Aquí entran en juego reformas más ambiciosas, como la instalación de paneles solares, la renovación completa de sistemas de calefacción o actuaciones integrales de rehabilitación energética.

Rehabilitación energética en edificios 

Por último, cuando las obras afectan al conjunto de un edificio residencial, la deducción puede llegar hasta el 60%. Este tipo de intervenciones suelen implicar mejoras globales en fachadas, cubiertas o sistemas comunes, y requieren una planificación técnica más compleja, así como la correspondiente certificación energética antes y después de las obras.

Las reformas que no desgravan 

Ahora bien, frente a estas ventajas fiscales, existe una realidad que conviene subrayar: la mayoría de las reformas habituales en una vivienda no desgravan. Cambiar el suelo, renovar la cocina, pintar las paredes o reformar un baño, por muy necesarias o costosas que sean, no tienen impacto en la declaración de la renta si no contribuyen directamente a mejorar la eficiencia energética del inmueble.

Además, para poder aplicar estas deducciones, la normativa exige cumplir una serie de requisitos formales que no deben pasarse por alto. Es imprescindible contar con certificados de eficiencia energética que acrediten la mejora obtenida, conservar todas las facturas y asegurarse de que los pagos se han realizado por medios que permitan su trazabilidad, como transferencias bancarias o tarjetas. La vivienda, además, debe ser habitual o estar destinada al alquiler.

Imagen de portada | Unsplash 

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