El confort no depende solo de elegir los materiales, sino también de cómo se integran las instalaciones
El suelo radiante se ha consolidado como uno de los sistemas de climatización más valorados en la vivienda contemporánea. Invisible, silencioso y compatible con interiores limpios y despejados, encaja a la perfección con la estética actual, donde los radiadores tradicionales han desaparecido para dar paso a espacios más puros.
Sin embargo, como advierte la arquitecta Emma Guillén (@rusem.ma), su correcta instalación es clave para garantizar confort y eficiencia. “No todo el suelo de la casa debe llevar suelo radiante”, explica.
Aunque pueda parecer lógico extenderlo por cada metro cuadrado disponible, hay zonas donde no solo no aporta beneficios, sino que puede generar pérdidas de rendimiento. La experta señala especialmente los espacios ocupados por armarios empotrados, islas de cocina, mobiliario fijo o elementos como el plato de ducha.
Zonas dónde evitar poner suelo radiante
La razón es técnica, pero fácil de entender, el suelo radiante funciona mediante una red de tuberías o resistencias que emiten calor a baja temperatura y lo distribuyen de manera uniforme por toda la superficie. Ese calor necesita disiparse hacia el ambiente para cumplir su función. Cuando se instala bajo muebles fijos o elementos que bloquean la superficie como los armarios o el plato de la ducha, la energía térmica queda atrapada sin poder difundirse correctamente.
El resultado es una doble consecuencia: por un lado, se pierde eficiencia, ya que se está calentando una zona que no contribuye al confort real del espacio, por otro, pueden generarse puntos de sobrecalentamiento localizados que no aportan ninguna ventaja y que, a largo plazo, pueden afectar al rendimiento del sistema.
A pesar de estas consideraciones, Guillén subraya que el suelo radiante sigue siendo, en vivienda habitual, uno de los sistemas más homogéneos y eficientes.
Al trabajar a baja temperatura, reduce el consumo energético frente a otros métodos tradicionales y genera un confort térmico muy superior. El calor se percibe de forma envolvente, sin corrientes de aire ni puntos fríos, y la ausencia de radiadores libera paredes para el mobiliario y la decoración.
Fotografía de portada | Emma Guillén
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