Los expertos en jardinería, de acuerdo sobre la lavanda: "El sol y un suelo con buen drenaje son fundamentales para que crezca saludable"

Plantilla Joana Costa Periodista 1200x900 39

Es una de las aromáticas más resistentes del jardín, pero el exceso de agua puede convertirse precisamente en uno de sus principales enemigos

La lavanda tiene fama de planta resistente, y no es inmerecida. Está acostumbrada a crecer en ambientes soleados y relativamente secos y, una vez bien asentada, no necesita que estemos continuamente pendientes de la regadera. 

Sin embargo, hay dos condiciones que pueden marcar la diferencia entre una planta vigorosa y una que más bien tiene pinta de empezar a deteriorarse: muchas horas de sol y un suelo que drene correctamente.

No al exceso de agua

De hecho, uno de los errores más habituales al cuidar la lavanda es tratarla como otras plantas ornamentales que agradecen una humedad más constante. Con esta aromática ocurre prácticamente lo contrario: el exceso de agua alrededor de las raíces puede resultar mucho más problemático que quedarse algo cortos con el riego.

El lugar importa

Antes de pensar en fertilizantes o trucos para estimular la floración, conviene fijarse en algo bastante más sencillo: dónde hemos colocado la planta. La lavanda se desarrolla mejor a pleno sol, por lo que necesita un espacio que reciba varias horas de luz directa al día. 

Una terraza luminosa, un balcón soleado o una zona despejada del jardín suelen ser ubicaciones mucho más apropiadas que los rincones permanentemente sombreados. En este sentido comparte sus consejos @delatorreartefloral, que anima a "dejar de exterminar" estas plantas en casa.


Ahora bien, no todas las lavandas son exactamente iguales, sino que existen numerosas especies, variedades e híbridos, con diferencias en tamaño, resistencia al frío o época de floración. Aun así, su preferencia por los emplazamientos luminosos es una característica común en muchas de las variedades que cultivamos habitualmente en casa.

El verdadero peligro puede estar bajo tierra

La segunda cuestión importante apenas se ve. Las raíces de la lavanda no llevan bien permanecer durante demasiado tiempo en un terreno encharcado, así lo exponen desde PurPlant en redes.

Los suelos muy compactos pueden retener el agua después del riego o de varios días de lluvia y crear unas condiciones poco favorables para la planta. La humedad persistente alrededor de las raíces aumenta el riesgo de que estas terminen deteriorándose.

Por eso, antes de plantar una lavanda en el jardín es importante comprobar el drenaje; es decir que el agua puede filtrarse con relativa facilidad. Cuando el terreno es especialmente pesado, cultivarla en una zona elevada o recurrir a una maceta puede facilitar su control.

En este último caso hay una regla especialmente sencilla, y pasa por que el recipiente debe disponer de suficientes orificios para que el agua sobrante pueda salir. De poco sirve controlar cuánto regamos si después el líquido queda atrapado en el fondo.

Fotos | Pexels/Onkel Ramirez

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