
Un cambio muy sencillo en la forma de regar puede evitar que los tomates se abran y alargar su conservación sin afectar a su sabor
Cultivar tomates en casa tiene recompensa. Basta probar uno recién recogido para comprobar que poco se parece a muchos de los que llegan al supermercado: más aroma, más sabor y una textura difícil de igualar. Sin embargo, también hay un problema muy común que desespera a quienes tienen un pequeño huerto: ver cómo los frutos empiezan a agrietarse justo cuando están a punto de madurar.
Aunque pueda parecer una enfermedad o un fallo de la planta, en la mayoría de los casos la causa está en el riego. La buena noticia es que prevenir estas grietas no requiere productos específicos ni grandes conocimientos de horticultura, sino que basta con mantener una rutina de riego más constante.
El motivo por el que los tomates se parten
Las grietas aparecen cuando el tomate crece demasiado deprisa. Esto suele ocurrir después de un periodo de sequía seguido de un riego muy abundante o de lluvias intensas. El fruto absorbe agua con rapidez, la pulpa aumenta de volumen y la piel no tiene tiempo para adaptarse, por lo que acaba rompiéndose.
Estas fisuras pueden ser superficiales o profundas, pero en ambos casos facilitan la entrada de hongos, bacterias e insectos, reduciendo la vida útil del tomate. Asimismo, los cambios bruscos en la humedad del suelo son una de las principales causas de este problema.
El consejo de riego que marca la diferencia
La clave no está en echar más agua, sino en hacerlo con regularidad. Lo recomendable es mantener la tierra con una humedad estable para evitar que pase de estar completamente seca a empaparse de golpe.
Una forma sencilla de comprobarlo consiste en introducir un dedo unos centímetros en el sustrato. Si la tierra sigue húmeda, puede esperar. Si empieza a secarse, es el momento de volver a regar. Durante las olas de calor conviene revisar el suelo con más frecuencia, ya que la evaporación es mucho más rápida.
Otro recurso muy útil es colocar una capa de acolchado o mulch alrededor de la planta. Este material ayuda a conservar la humedad y reduce las oscilaciones de temperatura del suelo, dos factores que favorecen un crecimiento más uniforme.
Cómo regar correctamente las tomateras
Los especialistas recomiendan aplicar el agua directamente sobre la base de la planta y evitar mojar las hojas o los frutos. De esta manera, el agua llega donde realmente se necesita, las raíces, y además se reduce el riesgo de enfermedades provocadas por la humedad.
También es preferible realizar riegos profundos y espaciados antes que pequeños aportes superficiales, ya que así las raíces crecen hacia capas más profundas del terreno y la planta soporta mejor los periodos de calor.
¿Se pueden comer los tomates agrietados?
Si el fruto está sano y la grieta no presenta signos de podredumbre o moho, puede consumirse sin problema. Basta con cortar la parte afectada antes de utilizarlo.
Si el tomate todavía no ha terminado de madurar, también puede recogerse y dejar que complete el proceso en el interior de casa. Así se evita que la abertura aumente y que los insectos o los microorganismos estropeen el resto del fruto.
Fotos | En Pexels: wr heustis y SONIC.
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