
A la hora de elegir entre inducción y vitrocerámica hay que tener una serie de consideraciones
Al igual que el VHS sustituyó al Beta, o los CD's a los discos, y anteriormente a las cintas de cassette... en las cocinas se ha ido produciendo un cambio similar conforme la tecnología iba avanzando. A las cocinas de gas o eléctricas de toda la vida, les sucedieron las placas vitrocerámicas. Y desde hace unos años, y salvo que seas un cocinillas y sigas apostando por el gas, parece que las placas de inducción son la elección de una parte importante de las cocinas que se van renovando.
La diferencia entre ambas placas no está únicamente en el precio o en el aspecto exterior. Aunque a simple vista puedan parecer prácticamente iguales, la forma en la que generan y transmiten el calor es completamente distinta, algo que acaba teniendo consecuencias tanto en el consumo eléctrico como en la rapidez con la que cocinamos y en la limpieza de la propia placa.
La vitrocerámica calienta primero el cristal y después la olla
Ángel Blázquez, experto en electrodomésticos y responsable de Electroangel, ha explicado en un vídeo en Youtube las diferencias entre ambos sistemas en uno de sus vídeos. Y hay una cuestión que resulta especialmente interesante cuando hablamos de consumo: "La vitrocerámica consume más luz que la inducción, calienta el cristal antes que la olla".
La explicación está en el propio funcionamiento de cada tecnología. En una vitrocerámica convencional, unas resistencias eléctricas situadas bajo el cristal generan calor y hacen que se caliente la superficie sobre la que colocamos la olla o la sartén. Es ese cristal caliente el que después transmite el calor al recipiente.
En una placa de inducción el proceso es diferente. Bajo la superficie hay unas bobinas que generan un campo electromagnético y es la base ferromagnética del recipiente la que se calienta directamente. Por eso la superficie de la placa no necesita alcanzar la misma temperatura para cocinar y se reduce parte del calor que se pierde durante el proceso.
Esta diferencia también explica que la inducción pueda alcanzar antes la temperatura necesaria para cocinar. Según datos recogidos por Frigicoll, la eficiencia de una placa de inducción puede situarse entre el 80 y el 90 %, frente a alrededor del 50 % en una vitrocerámica convencional. Son cifras orientativas que dependen del aparato y de las condiciones de uso, pero ayudan a entender por qué dos placas que aparentemente hacen lo mismo pueden tener un comportamiento energético diferente.
La superficie de la inducción también facilita la limpieza
Hay otra diferencia que se aprecia especialmente bien en el día a día y que no tiene que ver directamente con la factura eléctrica. Cuando cocinamos, es bastante habitual que una olla hierva, que se derrame algo de salsa o que unas gotas de agua terminen alrededor del recipiente.
En una vitrocerámica, el cristal alcanza temperaturas elevadas porque forma parte del proceso de transmisión del calor. Si cae sobre él algún alimento mientras está caliente, puede terminar adherido a la superficie y habrá que esperar a que se enfríe para limpiarlo correctamente, recurriendo en ocasiones a la rasqueta específica para retirar los restos más resistentes.
En la inducción, el cristal también puede calentarse durante el cocinado, pero lo hace principalmente por el calor que recibe del propio recipiente. Al no ser la superficie la encargada de generar directamente el calor, permanece a una temperatura inferior en condiciones normales de uso. Los restos que caen sobre ella tienen, por tanto, menos posibilidades de quemarse inmediatamente, algo que hace que la limpieza resulte más sencilla.
La vitrocerámica tiene una ventaja importante: sirve cualquier menaje
La inducción tampoco es perfecta para todas las cocinas. Su principal particularidad la podemos encontrar a la hora de renovar el equipamiento está en las ollas y sartenes que utilizamos. Una vitrocerámica convencional funciona con cualquier recipiente que pueda utilizarse sobre una superficie caliente, por lo que podemos mantener buena parte de la batería que ya tenemos en casa. La inducción, en cambio, necesita recipientes cuya base sea ferromagnética para que el campo electromagnético pueda generar el calor.
Eso significa que antes de cambiar una vitrocerámica por una placa de inducción conviene comprobar el menaje. Una forma sencilla de hacerlo es acercar un imán a la base de las ollas y sartenes: si se queda adherido, el recipiente es, en principio, compatible con la inducción.
Para quien está montando una cocina desde cero o tiene que sustituir la placa, la elección entre ambos sistemas dependerá de varios factores, desde el presupuesto inicial hasta el menaje disponible y los hábitos de cocina. Pero la diferencia tecnológica es clara, ya que mientras la vitrocerámica utiliza una resistencia para calentar primero el cristal y después el recipiente, la inducción transfiere la energía directamente a la base compatible.
Y es precisamente esa diferencia la que explica buena parte de las ventajas que la inducción ha ido acumulando frente a la vitrocerámica: calienta antes, pierde menos energía durante la transferencia de calor y deja una superficie más sencilla de mantener limpia.
Fotografías | Electro Ángel Oficial, pvproductions
En Decoesfera | La IA llega a los electrodomésticos: lavadoras que reconocen la ropa y eligen el programa y hornos que cocinan por ti
En Decoesfera | Mucha gente utiliza el modo eco del lavavajillas pensando que es la opción más responsable. Hay dos razones por las que no
Ver todos los comentarios en https://decoracion.trendencias.com
VER 0 Comentario