
Por eso, antes de elegir revestimientos o acabados, conviene revisar con detalle el estado de las instalaciones
Cuando se acomete una reforma integral, es habitual que toda la atención se centre en los acabados: los revestimientos, la cocina nueva, los sanitarios, la iluminación o el mobiliario. Sin embargo, los profesionales del sector insisten en que el verdadero éxito de una reforma no está únicamente en lo que se ve, sino en todo aquello que queda oculto tras paredes, techos y suelos.
Precisamente sobre este aspecto lanza una importante advertencia un experto en reformas, que señala uno de los errores más frecuentes y costosos que pueden cometer los propietarios durante la renovación de una vivienda: sustituir únicamente las tuberías de los baños o de la cocina y mantener intactas las conducciones generales de agua.
“La prioridad máxima debe estar en las instalaciones”, explica. Y es que una vivienda puede lucir completamente renovada por fuera, pero seguir arrastrando problemas estructurales en su red de fontanería si no se actúa sobre el conjunto de la instalación.
El error de renovar solo las zonas visibles
En muchas reformas se reemplazan las tuberías que abastecen directamente a la cocina o a los cuartos de baño, ya que son las áreas donde se realizan las obras y donde resulta más sencillo intervenir. Sin embargo, esta actuación deja sin renovar una parte fundamental del sistema, las tuberías generales que llevan el agua desde el contador o punto de entrada de la vivienda hasta las distintas estancias.
Según los expertos, esta práctica puede generar una falsa sensación de seguridad. Aunque las instalaciones de cocina y baño sean completamente nuevas, el agua seguirá circulando previamente por unas conducciones antiguas que pueden presentar desgaste, acumulación de sedimentos o incluso importantes niveles de corrosión. En consecuencia, la renovación parcial no elimina realmente el riesgo de futuras averías ni mejora de forma significativa el rendimiento de la instalación.
La solución de sustituir la red desde el origen
La recomendación profesional es clara, cuando se afronta una reforma integral, la fontanería debe renovarse desde el punto donde entra el agua a la vivienda. Esto implica desmontar las conducciones generales existentes y ejecutar una nueva red que distribuya el agua desde el contador o llave principal hasta cada una de las zonas húmedas de la casa.
Actualmente, una de las soluciones más utilizadas consiste en conducir estas nuevas instalaciones a través de falsos techos, desde donde se realizan las derivaciones hacia cocinas, baños y lavaderos. De esta manera, se evita depender de las antiguas canalizaciones que suelen discurrir bajo los suelos.
Las tuberías existentes pueden quedar anuladas y fuera de servicio, mientras que la vivienda pasa a contar con una instalación completamente nueva, diseñada bajo criterios actuales de eficiencia y seguridad.
¿Por qué es tan importante sustituir las tuberías generales?
Las conducciones antiguas suelen ser el punto más vulnerable de muchas viviendas, especialmente en edificios con varias décadas de antigüedad. Con el paso de los años, los materiales pueden deteriorarse, acumular depósitos minerales o presentar corrosión interna. Todo ello afecta tanto al caudal como a la calidad del agua que llega a los distintos puntos de consumo.
Además, una tubería general en mal estado puede convertirse en el origen de fugas ocultas o averías que obliguen a realizar nuevas obras una vez terminada la reforma, con el consiguiente gasto económico y las molestias asociadas.
Fotografía de portada | Foto de Immo Wegmann en Unsplash | Vía @reformasmecea
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