Así ha quedado la reforma sin obras de este baño de los 70 en tonos tierra y baldosas retro: ahora es un espacio fresco y contemporáneo

Una reforma sin obras puede ser igual de impactante que una intervención integral

Hay baños que parecen anclados en el tiempo. Revestimientos en tonos tierra, patrones geométricos repetidos hasta el infinito y sanitarios que ya no responden a las necesidades actuales. Sin embargo, este pequeño baño de los años 70 demuestra que no siempre es necesario recurrir a una reforma integral para lograr un cambio radical. Con planificación, materiales adecuados y buenas decisiones estéticas, es posible multiplicar la luz y la sensación de amplitud sin levantar un solo azulejo.

Un punto de partida con personalidad

Vía @isabella_asensioo

El baño original estaba completamente revestido con azulejos marrones y ocres de fuerte presencia gráfica. El patrón circular repetido en paredes, combinado con un suelo verde, generaba un conjunto visualmente denso y oscuro. El bidé, elemento habitual en las viviendas de esa época, ocupaba un espacio valioso en una estancia de dimensiones reducidas. La bañera, en buen estado, se mantuvo como base del nuevo proyecto.

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La primera gran decisión fue pintar el azulejo. Cubrir los revestimientos en tonos tierra con pintura especial para cerámica en color blanco permitió neutralizar el impacto visual del patrón original y reflejar mejor la luz. Este gesto, sencillo pero transformador, cambió por completo la percepción del espacio.

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Donde antes había un baño oscuro y recargado, ahora se respira claridad. El blanco no solo moderniza, sino que actúa como fondo perfecto para introducir nuevos elementos decorativos con coherencia.

Un suelo nuevo sin levantar el antiguo

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El pavimento verde también pedía una actualización. En lugar de retirarlo, se optó por una solución práctica y económica, una alfombra vinílica a medida. Para lograr un acabado preciso, se realizó una plantilla previa que permitió recortar el material adaptándolo exactamente a la planta del baño.

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Una vez colocada, se sellaron cuidadosamente los bordes para evitar que se levantaran con la humedad. El resultado es un suelo renovado, limpio y contemporáneo, que dialoga con las nuevas paredes blancas y aporta continuidad visual.

Más espacio al eliminar el bidé

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La retirada del bidé supuso una mejora funcional inmediata. En baños pequeños, cada centímetro cuenta, y prescindir de un sanitario poco utilizado permitió liberar espacio de circulación y facilitar la incorporación de mobiliario de almacenaje más eficiente.

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La bañera, por su parte, se conservó, demostrando que no siempre es necesario sustituir los elementos principales para actualizar una estancia. También se incorporó un mueble de baño contemporáneo acompañado de un armario a juego que refuerza la capacidad de almacenaje. Las líneas limpias y el acabado claro contribuyen a mantener la sensación de orden y amplitud.

De cortina a mampara fija

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Otro cambio clave fue sustituir la cortina de ducha por una mampara fija. Este detalle, aparentemente menor, tiene un impacto enorme en la percepción del espacio. La transparencia del vidrio permite que la luz fluya sin interrupciones, evita cortes visuales y aporta un acabado más actual y elegante.

Con una base blanca y luminosa, la decoración se vuelve protagonista. Textiles suaves, accesorios bien seleccionados y pequeños detalles aportan personalidad sin sobrecargar. La clave está en elegir pocas piezas, pero bien pensadas, que refuercen la nueva identidad del baño.

Imágenes | Vía @isabella_asensioo

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