
Entre las tareas a desarrollar, destaca la recolección de fruta, la limpieza de parterres y terrazas, acabar con las malas hierbas del huerto o cuidar de las gallinas
Vivir durante unas semanas en plena naturaleza sin tener que asumir el coste de un alquiler puede parecer una propuesta difícil de encontrar en España en estos momentos. Sin embargo, en las inmediaciones de Sierra Nevada, en Granada, hay una oportunidad para quienes busquen vivir una experiencia diferente que permite intercambiar alojamiento a cambio de trabajo, ya que una pareja ofrece alojamiento en su granja a cambio de colaborar en las tareas del día a día.
La estancia incluye comida casera y la posibilidad de disfrutar de un entorno de montaña difícil de encontrar en otro tipo de alojamiento, siguiendo una práctica que esta pareja de jubilados lleva año ofreciendo en una conocida plataforma internacional de voluntariado, donde han recibido cientos de valoraciones positivas de quienes han pasado por la granja.
Durante los últimos dieciséis años han recibido a más de 400 voluntarios, muchos de los cuales han dejado valoraciones muy positivas en Workaway. Algunos cuentan incluso que después trasladaron a sus propios países conocimientos adquiridos durante la estancia, especialmente relacionados con el cultivo de alimentos y la autosuficiencia.
Ahora han abierto nuevas fechas para los próximos meses, coincidiendo además con dos periodos especialmente intensos para las labores agrícolas en Andalucía. Porque, como suele ocurrir en este tipo de intercambios, alojamiento y manutención tienen una contrapartida.
John y Sarah, los jubilados británicos que ofrecen casa y comida a cambio de trabajo
Los protagonistas de esta historia son John y Sarah, una pareja inglesa de más de 60 años que decidió hacer su vida en España hace ya más de tres décadas. Hoy regentan su propia granja en plena Sierra Nevada, donde combinan su vida en el campo con la acogida de voluntarios durante determinadas épocas del año.
Su día a día transcurre entre Granada, la costa y un cortijo apartado en plena montaña, donde precisamente necesitan una mano extra para sacar adelante las tareas de la finca. Para encontrar a personas que quieran trabajar como voluntarios, esta pareja publica la oferta en Workaway, una plataforma de intercambio entre viajeros y anfitriones. En esta app, ofrecen alojamiento y manutención sin coste a cambio de colaborar en labores de mantenimiento y jardinería.
Eso sí, John y Sarah dejan claro en su perfil que la propuesta no debe entenderse como un trabajo, sino como un intercambio cultural. De hecho, la finca tampoco funciona como una explotación comercial ni busca generar ingresos. Para esta pareja, mantenerla es parte de su forma de vida y, sobre todo, una manera de disfrutar del entorno.
Sin hijos y viviendo en un lugar bastante apartado, reconocen que la llegada de voluntarios también aporta compañía y hace más animada la vida en la montaña. De hecho, se presentan con bastante sentido del humor como unos "abuelos enrollados", abiertos a recibir personas de distintos lugares y compartir con ellas su día a día.
Qué tipo de personas buscan para el intercambio
Sobre las personas a las que quieren recibir, la pareja de jubilados señala que buscan voluntarios sociables, con sentido del humor y curiosidad por la vida en el campo, especialmente por el cultivo del huerto, la autosuficiencia y las energías alternativas. La capacidad para desenvolverse en un entorno aislado es otro de los requisitos.
Y de hecho, la oferta no está pensada para quienes llevan mal la vida rural o necesitan tener el móvil siempre a mano. En este sentido, y aunque explican que hay tiempo de sobra para conectarse a las redes sociales y mantenerse en contacto con tus amigos por internet durante tu estancia, recomiendan no ir si eres tan adicto al móvil que te impide interactuar con gente nueva. Además, los anfitriones advierten expresamente que no está permitido utilizar el teléfono durante las comidas.
Para alojarse durante la estancia, los voluntarios disponen de dos apartamentos independientes dentro de la finca, una opción que permite mantener cierta privacidad pese a compartir el día a día con los anfitriones. Quienes prefieran una experiencia todavía más ligada al entorno también pueden optar por dormir en una de las tiendas de campaña disponibles.
La estancia también incluye comida, buena parte de ella elaborada con los productos que salen de la propia finca. La propuesta es principalmente vegetariana, aunque los anfitriones establecen algunas condiciones bastante concretas. No aceptan voluntarios veganos ni personas que no consuman huevo y tampoco encajan en el perfil quienes tengan demasiadas restricciones alimentarias o, directamente, no soporten los tomates.
El día puede comenzar con muesli casero acompañado de frutos secos cultivados allí, mientras que para la comida la pareja suele recurrir a las verduras del huerto junto con carne o pescado. Durante los meses de verano, el menú nocturno incorpora además gazpacho. Además, la finca cuenta con barbacoa y un horno de leña, que utilizan para preparar desde pizzas hasta pan o asados.
Respecto al tiempo libre, como la mayoría de los voluntarios no dispone de coche propio, John y Sarah se encargan en ocasiones de llevarlos a conocer los alrededores y hacer alguna excursión, una forma de descubrir el paisaje y los pueblos de la zona más allá de la propia finca.
Por ejemplo, los sábados suelen acercarse a Guadix para desayunar y hacer algunas compras, mientras que los domingos aprovechan para salir a caminar con su grupo habitual de senderismo, formado por alrededor de quince españoles.
Qué trabajos deben realizar
Entre las labores que forman parte de la estancia aparecen tareas muy ligadas al mantenimiento cotidiano de una finca rural, como limpiar de malas hierbas el huerto y los parterres, además de plantar lechugas, semillas, árboles y arbustos.
La recolección de melocotones, nueces, habas y otros frutos de temporada, mantener las zonas exteriores, desde barrer las terrazas y cortar el césped hasta retirar los insectos muertos de la piscina se integran en la lista de tareas, junto al cuidado de las gallinas, la recogida del estiércol de caballo o preparar parte de los alimentos del desayuno se integran también en la lista de tareas como voluntario. Además, dependiendo de la temporada, hay labores concretas. Por ejemplo, durante el mes de noviembre el voluntariado estará centrado en la recolección de aceitunas.
Cómo es el cortijo que se ofrece gratis a cambio de trabajo
La finca se extiende a lo largo de 36.000 metros cuadrados, a unos 1.300 metros de altitud, en un entorno de montaña donde el contacto con la naturaleza es parte del día a día. En el terreno hay alrededor de 160 olivos, 800 vides y un centenar de almendros, además de una amplia variedad de árboles frutales, un huerto, cinco manantiales y una piscina de 10 por 5 metros.
La ubicación también explica buena parte del atractivo de la oferta. El núcleo de población más cercano, con alrededor de 1.000 habitantes, se encuentra a seis kilómetros por un camino de tierra, de modo que quienes se alojan allí deben estar preparados para vivir en un lugar realmente apartado.
La autosuficiencia y la sostenibilidad es otro de los pilares de la finca. La electricidad de la vivienda procede de placas solares, desde la cocina y la iluminación hasta el agua caliente, y la pareja asegura que incluso su coche eléctrico se carga casi por completo utilizando esta fuente de energía. Según explican en su perfil, esto permite que la propiedad sea prácticamente neutra en carbono, aunque recurren a una pequeña cantidad de gas para calentar el agua cuando los días nublados reducen la producción solar.
Evidentemente, ese sistema energético a base de fuentes renovables también implica una condición para quienes llegan como voluntarios: el consumo de electricidad debe ser responsable, ya que la energía disponible depende directamente de las horas de sol.
Fotografías | Workaway
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