Mariana, la argentina de 38 años que dejó la ciudad para construir su propia casa a base de barro, paja y 12 cristales de parabrisas

CASA DE BARRO

La importancia de reducir lo innecesario, reutilizar lo que ya existe y construir de acuerdo con las propias necesidades

Hay proyectos de vivienda que empiezan con un plano, un presupuesto y una fecha de entrega. El de Mariana comenzó mucho antes, con una decisión personal. La joven decidió abandonar progresivamente la vida urbana y buscar otra manera de habitar, en el campo, entre montañas.

La santafesina, de 38 años, lleva más de diez años viviendo fuera de la ciudad. Su primera experiencia en el campo fue en Uruguay, una etapa que le permitió comprobar que aquella forma de vida no era simplemente una aventura temporal, sino algo que quería incorporar a su futuro.

"Ahí decidí que mi vida era en ritmo con la naturaleza. La ciudad me agobió, no era donde quería vivir", explicó en diálogo con el canal de YouTube Crónicas de cambio.

Cinco años atrás llegó al valle de Traslasierra, en Córdoba, y hace tres comenzó a levantar en el monte la vivienda que terminaría convirtiéndose en su hogar. No buscaba una casa grande ni una construcción convencional. Después de haber vivido incluso en un motorhome, tenía claro que necesitaba poco espacio y que cada metro debía responder a una necesidad concreta.

El resultado es una tiny house artesanal, levantada con barro, paja y madera y concebida alrededor de una idea muy sencilla: vivir con menos para ganar espacio para otras cosas. "Levantar una tiny house es el acto valiente de simplificar para florecer", resume Mariana.

Una casa pequeña con forma de corazón

Desde el punto de vista arquitectónico, la vivienda guarda una de sus principales particularidades en su geometría. La construcción está formada por dos hexágonos conectados entre sí que, contemplados desde arriba, dibujan una silueta similar a la de un corazón.

La distribución responde a una premisa igualmente sencilla: concentrar en pocos metros todo aquello que Mariana considera necesario para vivir cómodamente. "La propiedad está compuesta por dos hexágonos unidos que desde arriba parecen un corazón. Quería algo así de chiquito después de vivir en un motorhome; solo necesitaba un lugar para comer, dormir, un baño y tener algo acogedor, bonito", describió.

La elección de materiales también forma parte de esa búsqueda. El barro, la paja y la madera aportan a la vivienda una apariencia cálida y orgánica, perfectamente integrada en el paisaje serrano. Pero, más allá de la estética, la casa refleja una determinada manera de entender el consumo y la construcción: aprovechar recursos, reutilizar materiales y trabajar de forma artesanal.

Doce parabrisas convertidos en ventanas

El elemento más inesperado de la vivienda aparece cuando se descubre el origen de sus ventanas. Mariana consiguió en un remate doce parabrisas de automóvil y decidió darles una segunda vida incorporándolos a la casa. En lugar de convertirse en residuos, aquellos cristales pasaron a formar parte de la arquitectura y ahora funcionan como grandes puntos de entrada de luz.

Los parabrisas fueron colocados sobre una de las paredes de barro para permitir que el exterior se filtre hacia el interior. El resultado es una vivienda en la que la iluminación natural adquiere un protagonismo especial y en la que el paisaje serrano forma parte de la experiencia cotidiana.

La elección no fue casual. Para Mariana, reutilizar esos elementos era también una manera de conseguir que la vivienda expresara desde su propia construcción el espíritu de reciclaje que buscaba. Así, uno de los elementos más característicos de la casa no procede de una tienda de decoración ni de un catálogo de arquitectura.

Construir sin convertir el sueño en un sacrificio

Levantar una casa prácticamente desde cero puede convertirse fácilmente en un proceso agotador. En el caso de Mariana, la construcción se prolongó durante aproximadamente un año y medio y estuvo marcada tanto por el trabajo físico como por la necesidad de aprender a gestionar los tiempos del proyecto.

"Estoy conectada con lo que siento, que me trae el impulso de hacer. Soy una apasionada de la vida. Estoy aprendiendo a ir, por eso que me implique menos energía y más liviandad", reconoció.

La construcción contó también con la participación de otras personas mediante la llamada minga, una práctica comunitaria muy extendida en la zona que permite reunir a varias personas para colaborar en un trabajo. Pero la experiencia no siempre salió como estaba previsto.

"Un recurso comunitario que se usa un montón acá. Que también está romantizado, pero cuando convocás a 20 personas y solo vienen dos, entendés que hay que laburar de otra manera", explicó.

Para Mariana, esa circunstancia terminó formando parte del aprendizaje. El proyecto dejó de ser únicamente la construcción física de una casa y se convirtió también en un proceso personal. "Con eso aprendí a celebrar cada día. Eso lleva un proceso personal muy hermoso", aseguró.

La importancia de saber parar

Durante el año y medio de trabajo tuvo que aprender a combinar paciencia, concentración y esfuerzo con algo que considera igualmente importante: saber cuándo detenerse.La propia Mariana destaca la necesidad de "saber decir que no" y hacer pausas cuando el trabajo físico comenzaba a exigir demasiado. "Yo no quiero que esta casita nazca desde el sacrificio... realmente creo que las cosas no se consiguen así", afirmó.

Hoy Mariana vive con su hijo en este entorno serrano, sobre una colina desde la que las vistas se abren hacia el monte. La casa, pequeña en dimensiones, tiene como extensión natural todo el paisaje que la rodea. "El tema es que podamos recuperar el poder en nosotros, porque si no, siempre hay alguien diciendo qué es lo que tengo que hacer", reflexionó.

Y su conclusión resume el espíritu que hay detrás de la vivienda, desde sus reducidas dimensiones hasta los parabrisas reciclados que hacen de ventanas. "Creo que lo importante es poder escucharnos a nosotras mismas, a nosotros mismos y validar lo que estamos sintiendo. Venimos a eso, a crecer y a ser, a hacer lo que somos, no a hacer lo que nos dijeron", concluye.

Fotografía de portada | Crónicas de cambio

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