
La idea es construir una base sólida que permita transformar la decoración y los usos sin tener que replantear la arquitectura
Cuando nos enfrentamos a una reforma, es habitual pensar en cómo queremos que sea nuestra casa ahora... cuántos dormitorios necesitamos, dónde vamos a trabajar, cuánto espacio queremos para cocinar o qué estilo nos apetece ver cada mañana al levantarnos. Sin embargo, hay una pregunta que pocas veces forma parte de ese primer planteamiento y que, para la interiorista Laura Martínez (@lauramartinez_interiorista), resulta fundamental: ¿cómo queremos vivir aquí dentro de diez, quince o veinte años?
La respuesta no consiste en intentar adivinar el futuro. Tampoco en diseñar una vivienda excesivamente previsora, rígida o condicionada por necesidades que todavía no existen. Se trata, más bien, de crear una arquitectura doméstica capaz de adaptarse.
"Una casa bien diseñada no debería responder únicamente a las necesidades que tenemos en el momento de la reforma. Debería ser capaz de acompañarnos mientras cambia nuestra familia, nuestras rutinas e incluso nuestra manera de entender el hogar", explica Martínez.
Ahí reside, según la interiorista, la diferencia entre una vivienda que simplemente resulta bonita y otra que está verdaderamente bien pensada. Porque una casa puede funcionar a la perfección el día que termina una reforma y, sin embargo, dejar de hacerlo unos años después.
Diseñar para la vida de hoy y de mañana
Pocas situaciones muestran mejor la importancia de la flexibilidad que el crecimiento de una familia. Cuando hay niños pequeños, es fácil que la reforma se organice alrededor de las necesidades de esa etapa. El problema es que esas necesidades cambian rápidamente.
Por eso, Laura Martínez apuesta por crear habitaciones capaces de evolucionar con sus habitantes. Un dormitorio infantil puede convertirse con el tiempo en una habitación juvenil y, más adelante, en un despacho o en un dormitorio de invitados.
Lo mismo ocurre con las zonas comunes. Una zona de juegos puede convertirse posteriormente en un rincón de lectura, una biblioteca o un espacio de estudio. Incluso puede desaparecer como área independiente para integrarse de otra manera en el salón. "La flexibilidad también es una forma de sostenibilidad", señala la interiorista.
Se trata de entender necesidades
Durante los últimos años, el despacho se convirtió en una de las demandas habituales de muchas reformas. Pero no todas las personas trabajan igual ni necesitan una habitación dedicada exclusivamente a esa función. En algunos casos, un espacio independiente será la solución adecuada.
Para Laura Martínez, el punto de partida debe ser siempre la persona que va a vivir en la casa. "Antes de decidir qué espacios necesita una vivienda, intentamos entender cómo vive realmente esa familia", explica. Y, sobre todo, sin olvidar una premisa esencial: "Diseñar una casa para durar no consiste en intentar adivinar cómo viviremos dentro de veinte años. Consiste en no tomar hoy decisiones tan rígidas que nos impidan cambiar mañana".
El almacenaje también debe crecer con nosotros
Libros, ropa, juguetes, documentos, maletas, equipamiento deportivo, recuerdos, utensilios y todo tipo de pertenencias forman parte de la vida cotidiana. El problema aparece cuando la vivienda no ha previsto un lugar adecuado para guardarlos.
Entonces llegan los muebles auxiliares, las cajas y las soluciones improvisadas. Poco a poco, el espacio empieza a llenarse y una casa que sobre el plano parecía suficiente puede comenzar a sentirse pequeña.
Por eso, el almacenaje debe plantearse desde el inicio del proyecto. Siempre que sea posible, Martínez apuesta por soluciones a medida que aprovechen toda la altura disponible y se integren arquitectónicamente en la vivienda. "Muchas veces pensamos que necesitamos una vivienda más grande cuando, en realidad, lo que necesitamos es una vivienda mejor organizada", dice.
Pensar también en cómo envejeceremos en casa
Nuestros cuerpos, nuestras rutinas y nuestras capacidades no serán exactamente las mismas dentro de dos décadas. Pero eso no significa que haya que convertir desde hoy la vivienda en un espacio diseñado exclusivamente para las necesidades de una persona mayor.
La propuesta de Martínez es mucho más sencilla, evitar decisiones que puedan generar dificultades en el futuro y apostar por soluciones que resulten cómodas durante todas las etapas de la vida.
Circulaciones amplias, pasos cómodos, pavimentos seguros, buena iluminación, mecanismos fáciles de utilizar o duchas accesibles son decisiones que aportan bienestar desde el primer día y pueden adquirir todavía más valor con el paso del tiempo.
En el cuarto de baño, por ejemplo, la interiorista prefiere siempre que el proyecto lo permita apostar por platos de ducha amplios y accesos cómodos. "No porque estemos proyectando una vivienda adaptada, sino porque la accesibilidad bien diseñada también es confort", apunta.
Fotografías | Laura Martínez • Estudio de Interiorismo
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