
Compró una parte del pasado de una aldea y decidió devolverle la vida
Entre montañas y alejada de la gran ciudad, Estrella decidió dejar atrás su vida en Barcelona para apostarlo todo por el campo. Y después de buscar y buscar, Asturias le dio la vida y toda esa tranquilidad que buscaba. En una pequeña aldea, prácticamente deshabitada y rodeada de naturaleza, encontró tres viviendas de más de un siglo de antigüedad que necesitaban mucho más que una mano de pintura.
No tenían agua en el interior ni cuarto de baño y acumulaban el paso de los años, pero Estrella supo ver en ellas algo que iba mucho más allá de su estado de conservación: la posibilidad de empezar una nueva vida.
Las tres casas le costaron 34.000 euros, una cantidad que hoy parece difícil de imaginar para un conjunto de viviendas de estas características, pero que en aquel momento permitió a Estrella y a su hermana hacerse con un pequeño patrimonio rural que acabarían recuperando poco a poco.
“Mi hermana y yo buscábamos algo desde Asturias, nos escapábamos de Barcelona e íbamos buscando casas”, recuerda. Aquellas escapadas desde Cataluña terminaron convirtiéndose en la búsqueda de un lugar propio, alejado del ritmo de la ciudad y conectado con una forma de vida más sencilla.
“En aquel momento eran caras, el lote eran 34.000 euros, no estaban como están ahora”, explica. El estado de las viviendas, sin embargo, obligaba a afrontar una rehabilitación importante. Eran casas antiguas, con más de cien años de historia, sin algunas de las comodidades básicas de una vivienda contemporánea. “Las casas tenían más de 100 años, ni tenían agua dentro, no tenían baño”.
Recuperar sin borrar la historia
La historia de Estrella se ha convertido en un testimonio de superación y arraigo a través del canal de YouTube hilux_aventura, dirigido por Álvaro, donde se ha dado a conocer su particular proyecto de rehabilitación.
Lejos de intentar convertir las antiguas viviendas en casas modernas sin conexión con su pasado, decidió conservar todo aquello que podía recuperarse y mantener el carácter original de las construcciones. “Procuro aprovechar todo lo que me voy encontrando”, dice.
El resultado es una rehabilitación que busca convivir con el entorno y conservar la naturalidad de las construcciones. En lugar de luchar contra el carácter de unas viviendas centenarias, Estrella decidió ponerlo en valor.
El entorno también forma parte inseparable del proyecto. La aldea donde se encuentran las casas apenas tiene habitantes. “En el pueblo solo vive una familia, pero hay casas arregladas en muy buenas condiciones”, cuenta Estrella.
En medio de ese paisaje, las viviendas recuperadas adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de tener una segunda residencia o de disfrutar de una casa de campo durante los fines de semana. Para Estrella, el lugar representa el cumplimiento de una ilusión que llevaba años imaginando. “Yo era auxiliar de enfermería y por un problema de la columna me retiraron. Una de mis ilusiones cuando me jubilara era venir a vivir a Asturias”.
Su vida profesional transcurrió lejos de allí, trabajando como auxiliar de enfermería en el Hospital Clínic de Barcelona. Pero Asturias permaneció siempre presente como ese lugar al que regresar y donde, algún día, poder comenzar una etapa diferente.
Entre una sesión de quimioterapia y otra
La parte más emocionante de su historia está ligada precisamente a los años más difíciles. Cuando enfermó de cáncer, las obras de las casas ya estaban en marcha. Mientras afrontaba el tratamiento, decidió seguir avanzando en aquel proyecto que se había convertido también en una fuente de energía y esperanza. “Cuando caí enferma, tenía aquí al albañil trabajando y entre quimio y quimio pedía 15 días y me escapaba aquí y cogía fuerzas”, dice.
Las casas se convirtieron así en mucho más que un proyecto inmobiliario. Mientras el tratamiento médico marcaba su día a día, aquel pequeño rincón de Asturias representaba una pausa, un refugio y una forma de recuperar fuerzas. “Después de pasar la enfermedad dije, yo voy a hacer lo que me gusta, y lo que me gusta es esto”, confirma orgullosa.
La filosofía de “menos es más”
La vida en la aldea también le ha permitido descubrir que muchas de las cosas que parecían imprescindibles en la ciudad no lo son tanto cuando se cambia de escenario. “Aquí te das cuenta que no te hace falta tanto para vivir, que menos es más”, afirma.
Incluso aspectos tan cotidianos como los gastos domésticos adquieren otra dimensión en este entorno. “Aquí no pagamos agua, no es como en Barcelona”. Pero la diferencia no es únicamente económica. Es, sobre todo, una cuestión de ritmo y de prioridades.
La recuperación de las casas no habría sido completa sin la relación con las personas que permanecen en la aldea. Aunque son pocos los vecinos, Estrella asegura que su llegada fue recibida con afecto. “Me recibieron muy bien, la gente es muy amable y agradable, me traen comida”.
Hoy, Estrella no habla de sus casas únicamente como propiedades que compró y reformó. Habla de ellas como el escenario de una nueva etapa y como un espacio que le permitió reencontrarse consigo misma. “Estoy super contenta aquí, me ha dado la vida”, sentencia.
Fotografía de portada | hilux_aventura
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