La historia de Esther demuestra que las casas prefabricadas no son ni una solución milagrosa ni una mala decisión en sí mismas
Las casas prefabricadas llevan años ganando protagonismo en el mundo de la decoración y la arquitectura como una alternativa más accesible, rápida y flexible a la vivienda tradicional. Sin embargo, más allá de la estética cuidada que suele verse en redes sociales, la experiencia real de vivir en una de ellas no siempre es idílica.
Esther (@esther.reeds) lo sabe bien, lleva tres años viviendo en una casa prefabricada de apenas 28 metros cuadrados y su testimonio ofrece una mirada honesta, sin romantizar, sobre lo que supone apostar por este tipo de vivienda. "Tengo que decir que se nos ha hecho muy pequeña, ha sido duro, no lo voy a romantizar, pero está muy guay y vivir aquí", explica.
La estructura principal tuvo un precio inicial de 19.000 euros, a lo que hubo que sumar unos 5.000 euros más correspondientes al tejado y a la estructura inferior. Se trataba, además, de la opción más económica disponible en el mercado, la caseta con menos aislamiento y con los materiales más básicos, simplemente porque era la única que podían permitirse en ese momento.
Vivir en 28 metros cuadrados
Esther comparte la vivienda con su pareja y dos gatos. Aunque reconoce que la experiencia ha tenido aspectos muy positivos, no oculta las dificultades del día a día. En un espacio tan reducido, el orden se vuelve un reto constante, cualquier objeto fuera de lugar se percibe de inmediato y mantener la casa despejada, limpia y funcional requiere un esfuerzo continuo.
La falta de espacio es, sin duda, el principal inconveniente. “Te falta sitio, es muy difícil vivir aquí y tenerla libre”, explica. A esto se suman otros factores menos visibles pero igualmente importantes como las temperaturas extremas, consecuencia de un aislamiento insuficiente, y la escasa intimidad.
Una solución temporal con grandes ventajas
Pese a todo, Esther no se arrepiente de su decisión. De hecho, considera que la casa prefabricada ha sido clave para su situación actual. “Vivir aquí me ha dado la oportunidad de poder comprar la casa que estoy reformando ahora”, cuenta. El bajo coste inicial y la ausencia de alquileres elevados les permitió ahorrar de forma constante durante estos tres años, sentando las bases para dar el salto a una vivienda más grande.
Desde su experiencia, este tipo de casas resultan una opción muy interesante como solución temporal. “Para una temporada corta, como hemos hecho nosotros, me parece una gran oportunidad”, asegura. Además, destaca una ventaja añadida, y es que, una vez cumplida su función como vivienda principal, la casa prefabricada puede destinarse al alquiler, prolongando así su rentabilidad.
Invertir con visión a largo plazo
La conclusión de Esther es clara y sirve como consejo para quienes estén valorando una inversión similar. “Si estás pensando en invertir en una casa prefabricada, asegúrate de que sea grande y tenga buenos materiales”, recomienda. Apostar por una vivienda con mejor aislamiento, mayor superficie y una distribución más cómoda puede marcar la diferencia entre una experiencia satisfactoria y una que se vuelva insostenible con el tiempo.
“Invertir de verdad, con más presupuesto, hará que vivir ahí sea mucho más cómodo y agradable”, señala. Porque, aunque las casas prefabricadas ofrecen una entrada más asequible al mundo de la vivienda, el paso de los años y las necesidades cotidianas terminan evidenciando sus limitaciones si no se elige bien desde el principio.
Imágenes | Vía @esther.reeds
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