La economista Natalia de Santiago explica en un podcast por qué ese umbral marca la diferencia entre estabilidad y vulnerabilidad
Ahorrar a final de mes suena bien sobre el papel, pero en la práctica cada vez cuesta más encajarlo entre alquileres, facturas y una cesta de la compra que no deja de subir. En ese contexto, la economista Natalia de Santiago lanza una advertencia bastante clara: no todo ahorro sirve para protegerse.
Según explicó en el podcast Rompiendo el Mercado, quienes consiguen guardar menos del 10% de su salario neto anual se sitúan en una zona de vulnerabilidad financiera. No es tanto una cuestión de disciplina como de margen: cuando el colchón es mínimo, cualquier imprevisto (una avería, un gasto médico o una subida de recibos) puede desajustar por completo la economía doméstica.
Repartir el dinero en el tiempo
La experta insiste en que el ahorro no debería entenderse como un sacrificio puntual, sino como una forma de organizar el dinero a lo largo del tiempo. "Ahorrar es simplemente repartir el dinero en el tiempo", explica, recordando que los ingresos y los gastos no siguen una línea recta. Hay etapas más holgadas y otras en las que todo se estrecha, y ahí es donde ese margen marca la diferencia.
También introduce un matiz poco habitual: no todos los momentos vitales permiten ahorrar lo mismo. Independizarse, formar una familia o atravesar una etapa de ingresos bajos puede hacer que ese 10% sea difícil de alcanzar. Aun así, en situaciones relativamente estables, considera que ese porcentaje funciona como un mínimo razonable para no vivir al límite.
Tener un objetivo concreto
Más allá de la cifra, De Santiago pone el foco en el hábito. Recomienda separar el ahorro al principio del mes (cuando llega la nómina) y no al final, cuando ya solo queda lo que ha sobrevivido a los gastos. Y añade un truco sencillo pero efectivo: ponerle nombre al dinero. Ahorrar por ahorrar es más frágil que hacerlo con un objetivo concreto, ya sea un viaje, un fondo de emergencia o la jubilación.
En ese sentido, la diferencia entre ahorrar y acumular dinero sin propósito puede parecer semántica, pero no lo es. Sin una finalidad clara, ese dinero tiende a diluirse en pequeños gastos cotidianos que, sumados, acaban vaciando cualquier intento de previsión.
Salarios altos
La economista también apunta a un detalle incómodo: los salarios más altos no garantizan mayor seguridad si el nivel de vida crece al mismo ritmo. De hecho, pueden generar una dependencia mayor del ahorro de cara al futuro, especialmente si se tiene en cuenta el límite de las pensiones públicas.
Convertir el ahorro en rutina, aunque sea con cantidades modestas, sigue siendo la recomendación más realista. No tanto para acumular grandes cifras, sino para evitar esa sensación de ir siempre con lo justo, donde cualquier imprevisto deja de ser anecdótico y pasa a convertirse en problema.
Fotos | En Pexels: Cottonbro Studio, @natdesantiago/Instagram y Artful Homes.
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