El experto jardinero Jonathan Citadino avisa: "Los cactus solo florecen cuando la planta está madura"

El truco no está en el agua: todo depende de su madurez y del descanso invernal

Los cactus tienen fama de planta indestructible. Se compran, se colocan junto a una ventana y, durante meses, a veces años, parecen vivir sin pedir nada a cambio. Pero cuando llega la primavera y no aparece ni una sola flor, y se da la gran decepción doméstica: no era tan fácil como parecía.

La clave, según explica el divulgador especializado en jardinería Jonathan Citadino, conocido en redes como Jonathan Citadino, no está en buscar remedios milagrosos, sino en entender algo mucho más simple: un cactus no florece hasta que ha alcanzado la madurez. 

Esperar a la edad adulta

En sus palabras, la floración solo llega cuando la planta "ya es adulta", igual que ocurre con otros procesos biológicos. Este detalle cambia por completo la forma de cuidarlos. Muchas veces no es que el ejemplar esté mal atendido, sino que sencillamente aún no tiene la edad suficiente para florecer. 

Algunas variedades, como los Mammillaria, Gymnocalycium, Astrophytum o Notocactus, suelen madurar en pocos años y ofrecen flores antes. Otras, como los Ferocactus o ciertos Echinopsis, pueden tardar más de una década en dar la primera.

Ahora bien, también es cierto que más allá de la edad, hay un factor que marca la diferencia: la luz. Los cactus necesitan varias horas de sol directo al día, normalmente entre cuatro y seis, para desarrollar reservas suficientes y activar la floración. Si la planta se estira, pierde su forma compacta o crece inclinada hacia la ventana, suele ser una señal bastante clara de falta de luz.

@elhuertocitadino

El otro gran punto que muchos pasan por alto es el reposo invernal. Durante el otoño y el invierno, estas plantas necesitan frío moderado y muy poco riego. Mantenerlas en interiores con calefacción alta y agua frecuente puede impedir que entren en el descanso natural que necesitan para florecer después. Ese parón estacional funciona, en cierto modo, como el botón de reinicio de la planta.

Un sustrato que importa

El sustrato también importa más de lo que parece. Un cactus no tolera bien la humedad acumulada. Necesita una mezcla muy drenante y una maceta con agujeros que permita evacuar el agua rápidamente. El exceso de riego sigue siendo el error más frecuente y, probablemente, el más letal: raíces podridas, hongos y plantas que dejan de crecer.

En primavera y verano conviene regar solo cuando la tierra esté completamente seca; en invierno, una vez al mes suele ser más que suficiente, e incluso menos en algunas especies. También ayuda un abono rico en potasio durante la temporada de crecimiento, ya que este nutriente está directamente relacionado con la floración.

Así, más que hacer florecer un cactus, se trata de dejar que llegue a su momento. Como ocurre con tantas plantas, la flor no responde a la prisa del dueño, sino al ritmo de la naturaleza. Y en eso, los cactus son especialmente tercos: florecen cuando quieren, no cuando uno mira la maceta esperando un milagro.

Fotos | Quang Nguyen Vinh

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