El calor constante y el aire seco del invierno pasan factura a las plantas: estos gestos sencillos ayudan a que se recuperen
Tras varias semanas de calefacción encendida, muchas plantas de interior acaban mostrando signos claros de agotamiento. El problema no suele aparecer de golpe, sino de forma progresiva. Primero se apagan los colores, luego las hojas pierden firmeza y, cuando se repara en ello, la planta parece haberse rendido.
El calor constante altera el equilibrio natural de las plantas. A diferencia del frío puntual, la calefacción mantiene una temperatura elevada durante horas, seca el ambiente y acelera la evaporación del agua del sustrato. Es un estrés silencioso, especialmente acusado en pisos poco ventilados.
Corrección de efectos acumulados
En este contexto, no es raro pensar que la planta está mal cuidada, cuando en realidad está reaccionando a un entorno artificial mantenido durante semanas. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, no hace falta un rescate radical, sino corregir los efectos acumulados del calor seco.
Ajustes de riego
El primer gesto clave es comprobar cómo está el sustrato en profundidad. Con calefacción constante, la tierra puede parecer húmeda en la superficie pero estar completamente seca por dentro. Un riego abundante, dejando drenar bien el exceso de agua, permite rehidratar el cepellón de forma efectiva.
El segundo paso es devolver humedad al ambiente inmediato de la planta. Una ducha tibia bajo el grifo, con un chorro suave, ayuda a limpiar las hojas y a compensar la sequedad provocada por los radiadores. Este gesto reactiva el follaje y mejora la transpiración.
Revisar la ubicación
Después conviene revisar la ubicación. Muchas plantas pasan semanas cerca de radiadores o salidas de aire caliente sin que se note a simple vista. Alejarlas de estas fuentes y colocarlas en un espacio con luz indirecta estable reduce el estrés térmico.
Otro error común tras periodos largos de calefacción es abonar demasiado pronto. Una planta debilitada por el calor no está en condiciones de asimilar nutrientes. Lo más recomendable es esperar a que aparezcan señales claras de recuperación antes de añadir fertilizante.
Guijarros húmedos bajo la maceta
Para mejorar la humedad ambiental de forma constante, funciona bien el truco del plato con guijarros húmedos bajo la maceta. No sustituye al riego, pero crea un microclima más amable en interiores muy secos.
También es aconsejable eliminar hojas secas o dañadas, pero sin podas agresivas. Retirar solo lo que está claramente deteriorado ayuda a la planta a concentrar energía en las partes sanas y favorece la brotación.
Cuando el problema es la calefacción prolongada, la recuperación no es inmediata, pero suele ser visible. En pocos días, la planta empieza a tensar hojas y a mostrar brotes nuevos. Corregir los efectos de semanas de calor seco suele ser suficiente para devolverle el pulso.
Fotos | Pexels
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