Ángel Illescas, experto en plantas: "Si tu lavanda no florece en la maceta, aplica estos consejos para cuidarla y el olor que desprende"

Con sol, un riego moderado y un buen drenaje, esta planta puede durar muchos años y llenar el hogar de color y aroma

La lavanda es una de las plantas más deseadas en terrazas, balcones y jardines. Su aroma relajante, su característico color violeta y su capacidad para aportar un aire mediterráneo y elegante la han convertido en un imprescindible de la decoración natural. Sin embargo, mantenerla sana y llena de flores no siempre resulta sencillo, especialmente cuando se cultiva en maceta.

El experto en jardinería Ángel Illescas (@angelillescasnombela) ha compartido algunos de los errores más frecuentes que impiden que esta planta prospere y los cuidados esenciales para conseguir que crezca fuerte, aromática y con una floración abundante durante años.

Su ubicación

Según explica, el primer aspecto fundamental es la ubicación. “Las lavandas son de pleno sol”, señala el especialista, insistiendo en que colocarlas en zonas sombrías es uno de los fallos más habituales. Esta planta mediterránea necesita muchas horas de luz directa para desarrollarse correctamente y producir sus características flores. En terrazas y balcones, lo ideal es situarla en el espacio más soleado posible.

Otro detalle importante es el lugar donde se cultiva. Aunque la lavanda puede vivir en maceta, Illescas recuerda que se desarrolla mucho mejor en tierra firme. “En suelo se convierte en un arbusto hermoso”, explica. En maceta también puede mantenerse saludable, pero su crecimiento será más limitado y requerirá mayores cuidados para controlar la humedad y el drenaje.

El gran enemigo

Precisamente, el exceso de agua es el gran enemigo de esta planta. La lavanda tolera mucho mejor la sequía que el encharcamiento, y uno de los problemas más comunes aparece cuando se riega demasiado en verano. El experto advierte de que la humedad excesiva favorece la aparición de fitóftora, un hongo que puede pudrir las raíces y acabar rápidamente con la planta.

Agosto suele ser el mes más delicado para la lavanda, ya que las altas temperaturas llevan a muchas personas a aumentar los riegos de manera excesiva. Sin embargo, la clave está en mantener un equilibrio. El sustrato debe drenar bien y nunca permanecer constantemente húmedo.

Illescas también recomienda evitar regar directamente sobre la planta durante el verano. El agua acumulada en tallos y flores puede favorecer la pudrición, especialmente en los días de más calor. Lo más aconsejable es dirigir el riego únicamente a la base y hacerlo por la mañana, permitiendo que la humedad se absorba y se evapore de forma natural a lo largo del día.

Además del riego controlado, la poda juega un papel esencial para mantener una lavanda compacta y bonita. El experto aconseja que, aproximadamente a los dos años de plantarla, se mantenga “bajita” para estimular el crecimiento desde la base. De este modo se evita que aparezcan zonas leñosas y secas que afean el aspecto de la planta con el paso del tiempo.

Para prevenir la aparición de hongos durante los meses más cálidos, Illescas propone un truco sencillo, añadir unas gotas de agua oxigenada al agua de riego en julio y agosto. Este remedio ayuda a mantener los hongos a raya y favorece un entorno más saludable para las raíces.

Fotografía de portada | Unsplash | Vía @angelillescasnombela

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