EEUU pintó de blanco 340 tejados de casas con bajos ingresos. Redujo a la mitad la temperatura interior y ahorraron 560 kWh al año en aire acondicionado

Tetajados pintados de blanco

Antes de instalar más climatización, una solución puede estar en el tejado si se evita que absorba el calor

Aunque ahora se lleven los edificios oscuros y los bloques cebra, lo cierto es que durante siglos la arquitectura tradicional de muchas regiones mediterráneas recurrió al blanco como una estrategia para proteger las viviendas del calor. El motivo no era únicamente estético, ya que las superficies claras reflejan una mayor parte de la radiación solar y absorben menos energía que las oscuras.

En España lo sabemos especialmente bien. Las fachadas encaladas forman parte de la arquitectura tradicional de buena parte de Andalucía y de otras zonas mediterráneas, donde el blanco se combinaba con muros gruesos, patios y otras soluciones constructivas pensadas para hacer frente a los veranos calurosos. 

Y esa misma idea, trasladada a un contexto completamente diferente, acabó convirtiéndose también en objeto de estudio. A principios de siglo, un proyecto desarrollado en Filadelfia quiso comprobar hasta qué punto una medida tan elemental como cambiar el color de una cubierta podía influir en la temperatura de una vivienda. La propuesta era sencilla: aplicar pintura blanca en los tejados de cientos de casas y observar qué ocurría durante los meses de calor.

Una cubierta blanca para combatir el calor

La iniciativa, conocida como Philadelphia Cool Homes Project, partía de un principio físico que no tenía nada de novedoso. Las superficies blancas reflejan una mayor proporción de la radiación solar que reciben, mientras que los colores oscuros absorben más energía y pueden alcanzar temperaturas mucho más elevadas. La intervención, por tanto, no necesitaba paneles solares ni sistemas de climatización avanzados: se trataba de aprovechar una característica tan básica como el color de la superficie.

La teoría también se llevó a la práctica. Entre 2001 y 2003, la Energy Coordinating Agency (ECA) de Filadelfia quiso comprobar qué efecto podía tener una cubierta reflectante sobre el comportamiento térmico de una vivienda. Para ello, aplicó revestimientos blancos en los tejados de unas 340 casas ocupadas por personas mayores con bajos ingresos, muchas de ellas las características viviendas adosadas que forman buena parte del paisaje residencial de Filadelfia.

La intervención era tan básica como cambiar el acabado de la cubierta, pero permitía comprobar sobre el terreno algo que la arquitectura tradicional llevaba siglos utilizando: una superficie capaz de reflejar buena parte de la radiación solar recibe menos carga térmica que otra oscura. El experimento convirtió así una solución aparentemente elemental en una cuestión que podía medirse y analizarse con datos.

El objetivo era comprobar si una cubierta capaz de reflejar más radiación solar podía marcar una diferencia apreciable en el interior de estas viviendas. Al aplicar el revestimiento blanco se buscaba, precisamente, evitar que los tejados oscuros acumularan tanta energía procedente del sol. La elección de las casas tampoco fue casual: el proyecto se centró en personas mayores con pocos recursos, un colectivo especialmente expuesto a las consecuencias de las altas temperaturas y, al mismo tiempo, con menos margen para asumir el coste de mantener el aire acondicionado durante los periodos de calor.

El efecto se podía medir

La pintura blanca no se quedó en una cuestión teórica. Una vez aplicado el revestimiento, las mediciones mostraron que la temperatura máxima de la cara interior de los techos bajaba entre 4 y 5 °F, es decir, entre 2,2 y 2,8ºC aproximadamente. En las habitaciones situadas en las plantas superiores que no disponían de aire acondicionado, el descenso de la temperatura máxima del aire fue de unos 2 °F, alrededor de 1,1ºC

Pero la diferencia no solo se dejó notar en los termómetros. También apareció en el consumo eléctrico de las viviendas: de media, cada una necesitó unos 560 kWh menos al año para utilizar el aire acondicionado, según los datos recogidos en el proyecto. El ahorro energético asociado al uso de las cubiertas reflectantes daba así otra dimensión al experimento. Una actuación tan sencilla como modificar el acabado de un tejado podía ayudar a reducir la cantidad de energía necesaria para mantener la casa a una temperatura soportable durante los meses de calor.

La explicación está en cómo refleja la luz

La diferencia entre una cubierta oscura y otra blanca tiene una explicación física sencilla. Mientras los colores oscuros absorben una mayor parte de la radiación solar y convierten esa energía en calor, las superficies claras pueden reflejar una proporción mucho mayor de la radiación que reciben.

Esta capacidad para devolver la radiación solar en lugar de absorberla se mide mediante el albedo, una escala que va de 0 a 1. Cuanto más elevado es el albedo de una superficie, mayor es la cantidad de radiación que refleja y, por tanto, menor la que absorbe.

La idea detrás de un buen cool roof va un paso más allá de pintar la cubierta de blanco. El objetivo es que el tejado refleje la mayor cantidad posible de radiación solar y, al mismo tiempo, sea capaz de disipar el calor que inevitablemente llega a absorber. Así se consigue mantener la superficie a una temperatura más baja y limitar la cantidad de calor que termina pasando al interior de la vivienda. 

El efecto se produce antes incluso de que entre en funcionamiento el aire acondicionado: si la cubierta se calienta menos, también disminuye la carga térmica que tiene que compensar el sistema de climatización. El resultado es una menor demanda de refrigeración, especialmente durante los episodios de calor intenso.

Una solución sencilla que sigue vigente

Visto desde hoy, el proyecto de Filadelfia resulta especialmente revelador porque abordó tres cuestiones que siguen estrechamente relacionadas: el exceso de calor en las viviendas, el consumo de electricidad necesario para combatirlo y el impacto que ese gasto puede tener en los hogares con menos recursos.

La idea también acabó trasladándose a la normativa. California incorporó requisitos relacionados con las cubiertas frías en sus códigos de construcción y Filadelfia estableció posteriormente sus propias exigencias para determinados edificios nuevos. Pero quizá la principal conclusión de aquella prueba con unas 340 viviendas fuera mucho más sencilla: antes de recurrir a más energía para enfriar una casa, también puede ser importante evitar que se caliente tanto.

Y ahí está una de las claves de todo el planteamiento: en lugar de esperar a que el calor atraviese el tejado para después combatirlo con aire acondicionado, se puede actuar antes y reducir la cantidad de energía solar que absorbe la propia cubierta.

Imagen | TET, Whyy

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