Pedro Lirola, arquitecto: "Si quieres arruinar tu casa, pon luces frías en todos los ambientes"

Con las luz fría se evita tener una casa confortable y acogedora que nos ayude a relajarnos

La iluminación es, probablemente, el elemento más infravalorado de cualquier proyecto decorativo cuando no se cuenta con profesionales que sepan valorar la importancia de la luz. De hecho, a nivel particular, se escoge el sofá con mimo, se estudia la paleta de colores durante semanas, se mide cada centímetro del espacio... y luego se instala cualquier bombilla sin pensarlo demasiado. 

Por suerte, hay profesionales que se aseguran que el salón esté iluminado por capas, o que en el dormitorio estén instaladas las luces que necesitamos para vestirnos, o para adaptar el espacio al momento de irnos a la cama. El arquitecto Pedro Lirola es uno de esos profesionales que advierten que iluminar de forma errónea una casa puede echar por tierra todo lo demás.  

Este arquitecto, que comparte reflexiones sobre arquitectura y diseño de interiores en su cuenta de TikTok, ha dedicado uno de sus vídeos a un tema que le preocupa especialmente: el abuso de la luz fría en los hogares. Y sus palabras no tienen demasiado margen para la interpretación: "Si quieres arruinar tu casa, pon luces frías en todos los ambientes".

El error más común en iluminación doméstica

La luz fría (aquella con una temperatura de color por encima de los 4.000 kelvin, con ese tono blanquecino o azulado) se ha popularizado en parte por su asociación con la modernidad y la eficiencia energética. Muchos la eligen bajo la idea de que ilumina mejor, o de que es más práctica. Lirola lo rebate sin rodeos: "Suena práctico, pero como arquitecto, te digo que poner luces frías mata toda la casa".

El problema no es técnico, sino perceptivo. La luz fría altera la forma en que leemos un espacio. Endurece los materiales, aplana los volúmenes y elimina esa sensación de calidez que convierte una habitación en un lugar donde apetece estar. "Parece moderno, pero hace que tu casa no se vea nada acogedora", señala el arquitecto.

La temperatura del color importa más de lo que parece

En diseño de interiores, la temperatura de color de la iluminación no es un detalle secundario: es una variable que condiciona la percepción completa del espacio. Una estancia con los mismos muebles, los mismos acabados y la misma distribución puede parecer acogedora o clínica dependiendo únicamente del tipo de luz que la ilumine.

La luz cálida, con valores entre 2.700 y 3.000 kelvin, reproduce la tonalidad del incandescente tradicional. Favorece los tonos tierra, los materiales naturales, las maderas y los tejidos. Genera profundidad. Y, como apunta Lirola, transforma directamente la experiencia de habitar un espacio: "Una luz cálida hace que tu casa se vea más acogedora, haciendo que los espacios sean mucho más agradables".

Tu casa no es una clínica

Quizás la frase más directa del arquitecto sirve también como regla mnemotécnica para quien tenga dudas la próxima vez que esté frente a la sección de iluminación de cualquier tienda: "Recuerda, tu casa no es una clínica ni un hospital".

Y tiene sentido. Los espacios sanitarios, los laboratorios o las oficinas de trabajo intensivo utilizan luz fría de forma deliberada porque necesitan una iluminación que favorezca la concentración, la precisión visual y la alerta. El hogar persigue exactamente lo contrario: relajación, confort, descanso.

Aplicar la misma lógica lumínica en ambos contextos es, en palabras de este arquitecto, una forma segura de arruinar el resultado decorativo por muy cuidado que haya sido el resto del proceso.

Cómo aplicarlo en casa

El consejo práctico que se desprende de la recomendación del arquitecto es sencillo: revisar la temperatura de color antes de comprar cualquier bombilla o luminaria. El dato aparece siempre en el packaging, expresado en kelvin (K). Para zonas de estar, dormitorios y comedor, los valores entre 2.700 K y 3.000 K son los más recomendables. La luz fría puede tener su lugar en espacios de trabajo o en el cuarto de baño si se busca claridad para tareas concretas, pero raramente funciona como iluminación general en un hogar.

Un cambio pequeño, al alcance de cualquier presupuesto, que puede transformar por completo la percepción de un espacio. Exactamente el tipo de detalle que marca la diferencia entre una casa que se ve bien en foto y una que se siente bien en persona. 

Fotografías | Pedro Lirola

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