
Antes de tirar un objeto cotidiano, merece la pena preguntarse si puede tener una segunda vida
Aunque normalmente solemos comprar el jabón lavaplatos en botecitos pequeños, hay quienes prefieren ahorrarse unos euritos (o incluso tiempo de ir a la tienda) comprando garrafas al por mayor. Garrafas que luego, aunque parecen útiles, terminamos tirando a la basura por miedo a verter cualquier otro líquido bebible y no haber retirado bien del todo el jabón anterior.
Pero al margen, existen dos soluciones muy prácticas para poder reutilizarlas como accesorios personalizados para organizar la casa o incorporar un toque artesanal a cualquier estancia. Estas dos propuestas demuestran que no hace falta gastar mucho para conseguir resultados originales.
Una canasta multiusos hecha con una garrafa
Para empezar, corta la garrafa aproximadamente por la mitad y conserva la parte inferior, que será la estructura de la futura cesta. Una vez preparada, el siguiente paso consiste en revestir su interior con una tela que combine con el estilo decorativo que quieras darle. Fija el tejido hacia el borde del recipiente utilizando silicona, procurando que quede bien sujeto y sin demasiadas arrugas.
Para conseguir un acabado más cuidado, utiliza un trozo de cartón para dibujar la base del recipiente. Recórtalo a medida y fórralo con la misma tela empleada en el interior. De esta manera, además de ocultar el plástico, conseguirás que el fondo tenga un aspecto mucho más decorativo y uniforme.
El exterior es el encargado de darle personalidad a la pieza. Puedes cubrirlo utilizando un cordón del material que prefieras, enrollándolo alrededor del recipiente hasta conseguir el acabado deseado. Además de ocultar por completo el plástico original, el cordón aporta textura y ese característico aire artesanal que encaja especialmente bien en ambientes naturales, rústicos o de inspiración mediterránea.
El último detalle son las asas. Con el mismo cordón utilizado para revestir el exterior, crea dos pequeñas asas, una a cada lado de la estructura, y fíjalas firmemente. El resultado será una práctica canasta que, además de decorativa, puede convertirse en un pequeño organizador para diferentes rincones de la casa.
De garrafa a maceta con aire artesanal
En este caso, comienza cortando la parte superior del envase, justo en la zona en la que cambia la forma de la garrafa. Una vez separada la pieza, puedes trabajar sobre ella para darle un aspecto completamente diferente al plástico original.
Para revestirla, utiliza un trozo de tela de fibra natural que cubra toda la estructura. Este tipo de material resulta especialmente apropiado si buscas un acabado cálido y natural, además de combinar fácilmente con plantas, fibras vegetales, madera y otros elementos decorativos.
A partir de aquí llega la parte más creativa. Puedes decorar el exterior como prefieras y jugar con diferentes tipos de cordón para conseguir un acabado personalizado. En este ejemplo, el cordón se utiliza para crear una especie de red alrededor del recipiente, aportando relieve y convirtiendo una sencilla garrafa en una pieza decorativa con un marcado carácter artesanal.
Antes de colocar la planta, no olvides hacer varios agujeros en la parte inferior del recipiente. Son imprescindibles para facilitar el drenaje del agua y evitar que la humedad quede acumulada en el interior.
Con la estructura terminada, solo queda elegir una planta que se adapte bien al tamaño de la nueva maceta y encontrarle un lugar especial en casa. Sobre una estantería, una consola, una repisa o incluso formando un pequeño conjunto de plantas, esta pieza puede convertirse en un detalle decorativo tan práctico como original.
Fotografía de portada | Foto de tanvi sharma en Unsplash
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