
No siempre lo más barato es comprar uno nuevo, ni todo aparato averiado merece ser reparado
Cuando un electrodoméstico deja de funcionar, aparece una duda que cada vez se plantea con más frecuencia en los hogares: ¿merece la pena repararlo o es mejor sustituirlo por uno nuevo? La respuesta no siempre es sencilla. El precio de la avería, el valor del aparato, la disponibilidad de piezas y hasta nuestros propios hábitos de uso pueden inclinar la balanza hacia una opción u otra.
Sobre esta cuestión ha hablado en 'Herrera en COPE', junto a Pilar Cisneros, el técnico y gerente del taller de reparaciones MPELEC, conocido como Servi, que ha puesto sobre la mesa una realidad que afecta directamente a la economía doméstica: muchas averías podrían evitarse con un mantenimiento adecuado.
Reparar puede costar mucho menos de lo que pensamos
El precio de una reparación depende enormemente del tipo de aparato y de la avería concreta. No cuesta lo mismo solucionar un pequeño problema en una plancha que intervenir sobre un robot de cocina de alta gama o un aspirador sofisticado.
Servi explica que existe una horquilla de precios muy amplia: "El rango de precios es muy variado, puede ser desde los 20 euros que vale arreglar una plancha hasta si es un robot de cocina o aspiradores que podemos hablar en reparaciones de 130 euros".
En los pequeños electrodomésticos, por tanto, una avería relativamente sencilla no tiene por qué justificar automáticamente la compra de un aparato nuevo. Antes de tomar una decisión, resulta recomendable valorar el coste de la intervención frente al precio de sustitución y, especialmente, frente a la vida útil que todavía puede ofrecer el aparato.
Los aspiradores, cafeteras y robots de cocina
Hay electrodomésticos que aparecen con especial frecuencia en los servicios técnicos. Entre ellos se encuentran los robots de cocina, las cafeteras y, de manera muy significativa, los aspiradores.
Precisamente en estos últimos, una parte de los problemas puede estar relacionada con un mantenimiento insuficiente. El polvo, los restos de suciedad y la falta de limpieza de los componentes terminan afectando al funcionamiento del aparato y pueden favorecer la aparición de averías.
El técnico lo resume de manera muy gráfica: "Sobre todo, aspiradores de todo tipo, no limpiamos los filtros, aguantamos con las bolsas llenas. Las cafeteras tampoco las limpiamos regularmente, no las descalcificamos, y aparatos y robots de cocina, mucho robot de cocina también".
La conclusión es sencilla, cuidar un electrodoméstico no consiste únicamente en utilizarlo correctamente. También hay que dedicar unos minutos a las tareas de mantenimiento que recomienda el fabricante.
El mantenimiento
Limpiar los filtros de un aspirador, vaciar sus depósitos antes de que estén completamente saturados o descalcificar una cafetera periódicamente son gestos sencillos que pueden contribuir a conservar los aparatos en mejores condiciones.
En el caso de los robots de cocina, también resulta fundamental limpiar correctamente sus piezas, prestar atención a las juntas y evitar que los restos de alimentos se acumulen en zonas especialmente delicadas.
Son tareas poco llamativas, pero tienen una consecuencia importante para la economía del hogar, alargar la vida útil de los electrodomésticos evita tener que afrontar antes de tiempo el gasto de sustituirlos.
¿Por qué cada vez se repara menos?
El debate sobre las reparaciones no se limita a las averías. También intervienen factores económicos que explican por qué, en determinadas ocasiones, comprar un aparato nuevo puede parecer más atractivo que arreglar el antiguo.
En el programa también participó el economista y profesor Fernando Trías de Bes, que puso el foco en el peso de la producción a gran escala y del coste de la mano de obra. Cuando reparar supone pagar el diagnóstico, las piezas y varias horas de trabajo, la diferencia respecto al precio de un producto nuevo puede reducirse considerablemente.
A esto se suma la percepción de que los productos actuales tienen una vida útil menor. En este contexto aparece el concepto de obsolescencia programada, cuyo origen histórico se sitúa en 1924, cuando se alcanzó un acuerdo entre fabricantes para limitar la duración de las bombillas a 1.000 horas.
El coste invisible del diagnóstico
Uno de los obstáculos que puede encontrarse el consumidor cuando decide reparar un electrodoméstico es el denominado coste de diagnóstico. Antes incluso de saber cuál es el problema, algunos servicios pueden cobrar por examinar el aparato.
Trías de Bes señaló durante la conversación que estos importes pueden situarse en torno a "50 euros o 60 euros". Para determinados aparatos de bajo coste, esta cantidad puede hacer que el consumidor se plantee directamente la sustitución.
Por eso, antes de llevar un electrodoméstico al servicio técnico, puede ser útil preguntar si existe un coste de diagnóstico, si se descuenta posteriormente del precio de la reparación y cuánto puede costar aproximadamente la intervención.
Fotografía de portada | Foto de Samsung Memory en Unsplash
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