Qué electrodoméstico consume más electricidad: ¿el horno o la freidora de aire?

Qué electrodoméstico consume más electricidad: ¿el horno o la freidora de aire?

Su funcionamiento es muy parecido, pero la forma en la que cocinamos con ellos puede marcar una diferencia importante en el consumo eléctrico y, por tanto, en lo que pagamos en la factura de la luz

La freidora de aire se ha hecho un hueco en nuestras cocinas en tiempo récord. Y de hecho, rara es la cocina en la que no se encuentra este pequeño electrodoméstico. En muchos hogares, ha terminado ocupando el lugar que antes tenían tanto la freidora tradicional como el horno en determinadas elaboraciones. Y aunque la llamemos “freidora sin aceite”, su funcionamiento se parece mucho más al de un horno en miniatura que al de una freidora convencional.

La clave de su funcionamiento está en el tamaño y en la forma en la que distribuye el calor. En lugar de calentar una gran cavidad, como sucede con el horno, la freidora de aire concentra el aire caliente en un espacio mucho más reducido y lo hace circular a gran velocidad alrededor de los alimentos. Esto permite alcanzar la temperatura de cocción con rapidez y mantener una circulación constante del calor, de ahí que el resultado se parezca más al de un horno con ventilador que al de una freidora convencional. 

Por eso no existe una cifra universal que permita decir cuánto consume uno u otro. La potencia del aparato, el tiempo que permanece encendido, la cantidad de alimentos y, por supuesto, la antigüedad y la eficiencia energética del electrodoméstico son factores que pueden cambiar bastante el resultado. También influye el propio tamaño: un horno tiene mucha más capacidad, algo que resulta práctico cuando cocinamos para varias personas, pero que implica calentar un espacio considerablemente mayor.

Hay además otro factor que suele pasar más desapercibido y que tiene que ver con el momento del año en el que utilizamos el horno. La temperatura de la cocina y del entorno influye en la manera en que se conserva el calor en su interior. En invierno, por ejemplo, un horno tendrá que enfrentarse a una temperatura ambiente más baja y cada vez que abrimos la puerta se pierde parte del calor acumulado, que tendrá que volver a generar. En una freidora de aire, al trabajar con un volumen mucho menor, estas pérdidas tienen una escala diferente.

¿Cuánto cuesta utilizar una freidora de aire?

Para hacerse una idea de cuánto puede gastar una freidora de aire, conviene empezar por su potencia. En los modelos de tamaño medio, esta suele situarse entre 1.000 y 1.800 vatios, según los datos de Endesa. Ahora bien, potencia y consumo no son exactamente lo mismo: que una freidora tenga una determinada potencia no significa que vaya a utilizar esa cantidad de electricidad en cada preparación. El gasto final depende también del tiempo que permanezca encendida y del modelo concreto.

Aquí es donde estos pequeños electrodomésticos parten con cierta ventaja frente al horno. Al trabajar con una cavidad mucho más reducida, necesitan calentar menos espacio y, además, suelen alcanzar la temperatura de cocción con bastante rapidez. Si a esto sumamos que muchos alimentos se preparan en menos tiempo que en un horno convencional, el consumo de una receta concreta puede ser sensiblemente menor.

En las cifras orientativas que maneja Endesa, una freidora de aire puede consumir alrededor de 0,8 a 1,5 kWh, aunque la cantidad real dependerá tanto de su potencia como del tiempo que la tengamos funcionando. Por eso, para calcular cuánto supone en la factura, no basta con fijarse en los vatios que aparecen en la etiqueta: hay que tener en cuenta cuánto tiempo utilizamos la freidora en cada preparación.

¿Cuánto consume un horno eléctrico?

El horno juega en otra liga cuando hablamos de electricidad. Su mayor tamaño hace que necesite más energía para alcanzar y mantener la temperatura de cocción, y a eso hay que sumar el tiempo de precalentamiento. Según Naturgy, los hornos domésticos suelen tener una potencia de entre 2.000 y 3.500 W, aunque la cifra varía según el tamaño, las prestaciones y el tipo de aparato.

Pero, de nuevo, los vatios que aparecen en la ficha técnica no son lo mismo que lo que acabaremos pagando en la factura. El consumo depende del tiempo que permanezca encendido, de la temperatura seleccionada y de la eficiencia del propio horno. Como referencia, Naturgy sitúa el consumo de un horno doméstico entre 1,5 y 2,5 kWh por hora de uso, aunque las resistencias no están funcionando continuamente a máxima potencia: una vez alcanzada la temperatura, se encienden y apagan para mantenerla.

La diferencia frente a una freidora de aire se aprecia especialmente cuando cocinamos cantidades pequeñas. En una prueba de la OCU, por ejemplo, preparar un pollo asado de unos 1,3 kilos supuso un consumo de 0,54 kWh en la freidora de aire frente a 1,157 kWh en el horno eléctrico. También hubo diferencia en el tiempo: 53 minutos frente a 76.

Esto ayuda a entender por qué la freidora suele resultar más económica cuando vamos a preparar una ración pequeña o mediana: no solo necesita menos tiempo, sino que concentra el calor en un espacio mucho más reducido. El horno, en cambio, empieza a tener más sentido cuando necesitamos cocinar una cantidad mayor y podemos aprovechar toda su capacidad. De hecho, la propia Naturgy señala que la ventaja de la freidora se da especialmente con cantidades pequeñas, mientras que el horno puede resultar más adecuado cuando se aprovecha su capacidad.

Cuando el tamaño de la comida cambia las reglas

La comparación entre horno y freidora de aire no se resuelve únicamente mirando cuánto consume cada aparato. También importa cuánta comida necesitamos preparar. Para una ración o una cantidad pequeña, la freidora parte con ventaja porque concentra el calor en una cámara mucho más reducida y suele necesitar menos tiempo. El problema aparece cuando tenemos que alimentar a varias personas: si el cestillo se queda pequeño y necesitamos hacer varias tandas, esa ventaja puede reducirse.

El horno, en cambio, permite aprovechar una superficie de cocción mucho mayor y preparar una cantidad considerable de alimentos de una sola vez, por tamaño, y porque podemos cocinar varios alimentos aprovechando las distintas alturas. Es algo que se nota especialmente cuando tenemos invitados o queremos dejar lista una comida completa. Aunque el horno consuma más durante su funcionamiento, repartir ese gasto entre muchas raciones cambia bastante la comparación.

También hay recetas para las que uno de los dos aparatos resulta sencillamente más apropiado. La freidora de aire funciona especialmente bien con alimentos que buscamos que queden dorados y crujientes en poco tiempo, desde patatas y verduras hasta alitas o determinados productos congelados. El horno, por su mayor capacidad, sigue teniendo ventaja cuando necesitamos cocinar piezas grandes, varias elaboraciones a la vez o recetas que requieren tiempos de cocción prolongados.

Por eso, no hay un ganador absoluto. Para preparar cantidades pequeñas y resolver las comidas del día a día, la freidora de aire suele permitir reducir el consumo eléctrico y el tiempo de cocción. Cuando aumenta la cantidad de comida, el horno puede compensar su mayor consumo aprovechando toda su capacidad en una única tanda. Más que sustituir uno por otro, se trata de elegir el aparato adecuado para cada preparación.

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