
Antes de bajar el mando hasta los 18 ºC, quizá la mejor estrategia sea mucho más sencilla
Con las temperaturas disparadas y el aire acondicionado convertido en uno de los electrodomésticos imprescindibles del verano, encontrar la manera de mantener una casa fresca sin que la factura eléctrica se dispare se ha convertido en una de las grandes preocupaciones domésticas. Y no todo depende de cuánto tiempo permanezca encendido el aparato.
Antes de bajar la temperatura del mando al mínimo, conviene revisar algunos hábitos muy sencillos que pueden marcar una diferencia importante en el consumo. Para Álvaro Pérez (@aurobot.ail) a clave está en utilizar el aire acondicionado de una manera más eficiente y evitar que el aparato tenga que trabajar constantemente para conseguir una temperatura excesivamente baja.
El error más habitual está en el mando
Uno de los gestos más frecuentes cuando llegamos a casa y encontramos una temperatura elevada es poner el aire acondicionado a una temperatura muy baja con la intención de enfriar la estancia cuanto antes. Sin embargo, hacerlo no significa necesariamente que la habitación vaya a alcanzar antes una temperatura confortable.
Una configuración en torno a 24 o 25 ºC puede ser un punto de partida razonable para conseguir confort sin exigir al equipo un esfuerzo innecesario. La diferencia respecto a temperaturas mucho más bajas puede tener un impacto considerable en el consumo, especialmente cuando el aire permanece funcionando durante muchas horas.
"Cada grado que le bajas, dispara el consumo un montón asique déjalo en un punto dulce entre 24-25º, modo automático y filtros limpios", dice.
El modo automático también ayuda
Otro detalle que suele pasar desapercibido es el modo de funcionamiento elegido. Utilizar el modo automático permite que el equipo regule su funcionamiento en función de las condiciones de la estancia, evitando que el compresor trabaje de manera innecesaria.
En una vivienda bien aislada, esta estrategia puede resultar especialmente interesante. Cuando las paredes, ventanas y persianas ayudan a mantener el calor exterior a raya, el aparato no necesita compensar continuamente las ganancias de temperatura. Por eso, antes de pensar en comprar un equipo más potente, merece la pena comprobar si la vivienda está preparada para conservar el frío.
El mantenimiento de los filtros
Hay otro gesto doméstico tan sencillo como olvidado: limpiar los filtros del aire acondicionado. Con el uso, estos elementos acumulan polvo y suciedad. Si están obstruidos, el aparato puede tener más dificultades para mover el aire correctamente y su funcionamiento puede resultar menos eficiente.
Incorporar la limpieza de los filtros a las tareas habituales de mantenimiento es, por tanto, una de las formas más fáciles de cuidar el equipo. Además, mantenerlos limpios contribuye a que el aire circule en mejores condiciones por la estancia.
La eficiencia no depende únicamente del aparato. La propia vivienda desempeña un papel fundamental. Durante las horas de mayor calor conviene mantener cerradas las persianas, cortinas o estores de las ventanas que reciben directamente el sol. De esta manera se reduce la cantidad de calor que entra en el interior.
Cuando llega la noche y la temperatura exterior desciende, puede ser interesante ventilar para renovar el aire y aprovechar las horas más frescas, siempre que las condiciones exteriores lo permitan.
También es recomendable evitar, durante las horas de más calor, actividades que generen temperatura adicional dentro de casa, como utilizar el horno durante mucho tiempo. Pequeños cambios de rutina pueden reducir la carga térmica de la vivienda y, en consecuencia, el trabajo que tendrá que realizar el aire acondicionado.
¿Y qué ocurre con la tarifa eléctrica?
Hay un aspecto que puede pasar inadvertido cuando hablamos de ahorrar con el aire acondicionado: el precio al que pagamos cada kWh.
Incluso utilizando correctamente el aparato, una tarifa eléctrica poco favorable puede hacer que el gasto final continúe siendo elevado. Por eso, quienes tienen una tarifa con diferentes precios según la hora pueden estudiar cuáles son los periodos en los que la electricidad resulta más económica.
La recomendación, sin embargo, no debería convertirse en una regla universal de encender el aire únicamente a determinadas horas. Las tarifas dependen del contrato concreto y de sus condiciones, por lo que lo más sensato es revisar el precio real que figura en la factura y comprobar qué periodos son realmente más baratos. En otras palabras: no basta con consumir menos, sino que también importa cuánto cuesta la electricidad que consumimos.
Fotografía de portada | Vía @autobot.ai
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