Una cama bien integrada puede convertir una habitación diminuta en un dormitorio bien diseñado
En muchos hogares actuales, el dormitorio ya no es ese espacio amplio y tranquilo que aparece en las revistas clásicas. Es más bien un lugar ajustado, a veces mínimo, donde la cama parece ocuparlo todo y deja poco margen para algo más que dormir. Sin embargo, los proyectos de arquitectura e interiorismo contemporáneos demuestran que el problema no es el tamaño del dormitorio, sino cómo se piensa la cama dentro de él.
Lejos de resignarse, arquitectos e interioristas llevan años explorando soluciones inteligentes para integrar la cama sin que se convierta en un obstáculo visual o funcional. Y lo hacen con una idea clara, cuando el espacio es pequeño, cada decisión cuenta.
La cama como parte de la arquitectura
Uno de los recursos más utilizados en proyectos de viviendas compactas es convertir la cama en un elemento arquitectónico, no en un mueble añadido. Estas plataformas elevan ligeramente el colchón y permiten incorporar almacenaje inferior, estanterías laterales o incluso mesas de noche integradas.
El resultado es un dormitorio más ordenado, donde la cama parece “dibujada” dentro del espacio, no colocada a última hora. Además, el efecto es un dormitorio mucho más amplio donde cabe la practicidad y la utilidad de todos sus espacios.
Cabeceros que hacen mucho más que decorar
En dormitorios pequeños, el cabecero puede ser un gran aliado. Esta solución tiene un doble efecto, visualmente unifica el conjunto y, al mismo tiempo, elimina la necesidad de mesillas voluminosas. La cama sigue estando ahí, pero el espacio se percibe más limpio y amplio.
Camas que desaparecen (o casi)
Cuando el dormitorio es realmente pequeño o incluso inexistente, la solución pasa por camas que se transforman. Aquí la clave no es esconder la cama sin más, sino integrarla estéticamente para que, cuando no se usa, el espacio pueda funcionar como despacho, salón o zona de paso sin parecer improvisado.
Este tipo de soluciones permiten que un mismo espacio tenga varias vidas a lo largo del día. Por la mañana puede ser un despacho luminoso; por la tarde, una zona de estar; y por la noche, un dormitorio cómodo y bien definido. La clave está en que el espacio no parece incompleto ni provisional cuando la cama no está desplegada.
Menos muebles, más continuidad visual
Otro recurso frecuente en proyectos bien pensados es reducir el número de piezas independientes. Interioristas como apuestan por soluciones a medida, armarios que envuelven la cama, bancos integrados o estanterías que sustituyen al cabecero tradicional.
Además, el uso de colores claros, materiales continuos y textiles ligeros ayuda a que la cama no “pese” visualmente. En estos dormitorios, la cama sigue siendo protagonista, pero no invade el espacio.
Fotografía de portada | Anna Stathaki | Photography
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