Cómo hacer tú mismo una isla low cost para la cocina con dos estanterías de pino

ISLA DIY COCINA

Se puede modificar el tamaño, elegir el tipo de azulejo, cambiar el acabado de la superficie superior o incluso incorporar ruedas

Tener una isla en la cocina es un lujo que solo unos cuantos se pueden permitir. Por dimensiones o por coste, las islas de cocina quedan reservadas para las 'casas de ricos'. O eso creíamos hasta que hemos visto esta increíble solución. Con dos estanterías de pino y un poco de maña, puedes hacer tú mismo tu propio mueble de cocina bien resultón.

Ideal para almacenar y ganar una superficie de trabajo adicional en la cocina, las islas ayudan a organizar el espacio, convirtiéndose en una pieza central de la cocina. Pero esta vez, con un acabado personalizado y mucho más sofisticado de lo que cabría esperar.

Dos estanterías como punto de partida

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El proyecto comienza uniendo las dos estanterías de pino mediante una pletina, creando así una estructura única y estable. Es una solución sencilla que permite aprovechar muebles básicos como punto de partida para construir una pieza de mayores dimensiones.

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Para conseguir la altura deseada se incorporan unas patas. La medida dependerá tanto de las necesidades de cada cocina como de la altura de la encimera y del uso que se quiera dar a la isla. 

Un revestimiento de contrachapado para preparar la superficie

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Una vez construida la estructura, llega el momento de darle una apariencia más compacta y uniforme. Para ello se cubren las caras frontal y lateral con un tablero de contrachapado muy fino. Los paneles se atornillan previamente a la estructura de madera, de manera que queden bien sujetos y preparados para recibir el revestimiento decorativo.

Este paso es importante porque permite transformar una estructura compuesta por diferentes elementos en una superficie continua. Además, el contrachapado funciona como soporte para el siguiente paso del proyecto: el alicatado.

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Y aquí llega, probablemente, la parte más vistosa del proyecto. La estructura deja de parecer una simple combinación de estanterías para convertirse en una verdadera pieza de diseño gracias a los azulejos.

En este caso se escogieron unos azulejos de Leroy Merlin, pero la idea puede adaptarse completamente al estilo de cada cocina. Un azulejo pequeño y artesanal aportará un aire más mediterráneo; un modelo geométrico puede darle un punto contemporáneo, mientras que una pieza de tonos neutros ayudará a integrarla en una cocina minimalista.

Los azulejos se fueron fijando sobre los paneles de contrachapado con pegamento Turbo, cubriendo únicamente la parte frontal y uno de los laterales. Una vez terminado el alicatado, es importante dejar que el adhesivo y las piezas se asienten y sequen correctamente antes de continuar. Al día siguiente, con todo completamente seco, se aplica la lechada para rellenar las juntas y conseguir un acabado uniforme.

Una encimera para rematar el conjunto

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Con el revestimiento terminado, la isla ya está prácticamente lista. Solo queda colocarla en su ubicación definitiva y añadir la superficie superior. Para ello se instala un tablero que funciona como base de la encimera y se atornilla a la estructura para evitar movimientos. De esta manera, se consigue una superficie firme y estable sobre la que posteriormente colocar el acabado definitivo.

Y llega otro de los detalles que marcan la diferencia: una base de acero inoxidable que se fija sobre el tablero utilizando de nuevo el pegamento Turbo. El contraste entre la calidez de la madera, la textura de los azulejos y el acabado metálico consigue un resultado muy decorativo y, sobre todo, con apariencia de mueble diseñado a medida.

La parte trasera se convierte en almacenaje

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Una de las decisiones más prácticas del proyecto es no cerrar la parte trasera de la isla. En lugar de ocultar esa zona, se aprovecha como espacio de almacenamiento. Unas sencillas cestas permiten organizar diferentes objetos y mantenerlos accesibles, al tiempo que aportan un toque más cálido y desenfadado al conjunto.

Esta solución demuestra que una isla de cocina no tiene por qué limitarse a ofrecer una superficie adicional. Si se diseña correctamente, puede convertirse también en un pequeño módulo de almacenamiento que ayude a mantener despejada la encimera y a tener a mano aquello que utilizamos con más frecuencia.

El resultado final es una isla que combina almacenaje, superficie de trabajo y diseño a partir de elementos relativamente sencillos. Dos estanterías de pino se convierten así en la estructura de una pieza completamente personalizada gracias a unos pocos recursos: patas, perfilería, contrachapado, azulejos, lechada y una encimera.

Fotografía de portada | Vía @conraquelueric

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