Una técnica que nunca falla cuando el objetivo es crear espacios funcionales, estéticos y atemporales
Diseñar un baño equilibrado, elegante y atemporal no es cuestión de acumular materiales, sino de saber combinarlos con criterio. Así lo defiende Félix García (@loshermanosgarciareform), experto en reformas y diseño de interiores, que ha convertido la llamada regla de tres en una de sus claves infalibles para transformar cuartos de baño sin errores ni estridencias. Una fórmula sencilla, pero profundamente eficaz, que demuestra que el buen diseño nace de la planificación y no del azar.
La propuesta parte de una idea clara, estructurar el espacio a través de tres tipos de cerámica que cumplen funciones muy concretas dentro del baño: dar personalidad, equilibrio y profundidad. Lejos de recargar, esta técnica ordena visualmente la estancia, aporta profundidad y consigue un resultado profesional, incluso en baños de tamaño reducido.
La regla de tres en cuartos de baño
El primer elemento de la regla de tres es la cerámica protagonista, reservada para la zona más visible del baño, aquella que se percibe nada más abrir la puerta. Se trata de una pieza con relieve o textura, rica en personalidad, capaz de captar la atención y jugar con la luz. Potenciada mediante iluminación LED, esta cerámica gana fuerza y dinamismo, convirtiéndose en la carta de presentación del espacio.
El segundo componente, y el más dominante, ocupa aproximadamente el 80 % del baño. Aquí entra en juego una cerámica lisa, en el mismo tono y formato que la protagonista, cuya misión es aportar equilibrio y continuidad visual. Esta superficie actúa como un lienzo sereno que armoniza el conjunto, evita la saturación y permite que los elementos con más carácter destaquen sin competir entre sí.
El tercer material, clave para cerrar la composición, se sitúa en la zona más profunda del baño, normalmente el interior de la ducha. Se trata de una cerámica rugosa que añade textura y sensación de profundidad, reforzada estratégicamente con una tira de LED que ilumina el fondo. Este recurso no solo mejora la percepción espacial, sino que dirige la mirada hacia el punto focal del baño, justo lo que se ve desde la entrada.
El resultado de aplicar esta regla es un baño que respira coherencia, elegancia y amplitud. Personalidad, equilibrio y profundidad se convierten en los tres pilares de un diseño bien pensado, capaz de elevar cualquier reforma y adaptarse a distintos estilos.
Imágenes | Vía @loshermanosgarciareform
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