
El propietario de Wash Car en Palma de Mallorca revela el método para dejar el parabrisas libre de marcas y reflejos que pueden reducir la visibilidad al conducir
No siempre un parabrisas que parece impecable ofrece una buena visibilidad. En el interior del coche pueden acumularse restos y residuos que terminan formando una película sobre el cristal, provocando reflejos, manchas o ese característico aspecto blanquecino que se hace especialmente molesto cuando la luz incide sobre él.
Para Manuel Carrasco, responsable de Wash Car y especialista en limpieza de vehículos, parte del problema está en algo tan sencillo como la manera de limpiar esta superficie: los productos y métodos que funcionan en los cristales de casa no tienen por qué ser adecuados para el parabrisas del coche.
El problema puede pasar completamente desapercibido mientras el coche circula con una iluminación normal. Sin embargo, cuando el sol queda de frente o una fuente de luz incide directamente sobre el cristal, esas pequeñas huellas que parecían no estar ahí se hacen visibles de repente y pueden llenar el campo de visión de reflejos y zonas veladas.
En una entrevista a La Vanguardia, Carrasco señala precisamente este efecto como una de las consecuencias de aplicar al parabrisas una rutina de limpieza pensada para los cristales del hogar, ya que cualquier elemento que reste claridad al parabrisas puede dificultar la percepción de lo que sucede en la carretera.
El sistema de ventilación hace que se acumule suciedad en el interior del parabrisas
Aunque no lo veamos, el interior del coche está expuesto continuamente a partículas que acaban depositándose sobre sus superficies. El aire que entra y circula por el sistema de ventilación arrastra contaminantes del exterior, que poco a poco pueden formar una película sobre la cara interior del parabrisas. En los meses fríos, además, el uso frecuente de la calefacción favorece que esta suciedad se vaya acumulando, una circunstancia que Carrasco conoce bien por su experiencia en el cuidado y detallado de vehículos.
El problema comienza en el propio paño que vamos a usar para limpiar el cristal: Un paño puede parecer perfectamente limpio y, sin embargo, llevar consigo el residuo que después termina sobre el parabrisas. Es lo que puede ocurrir con las microfibras utilizadas para limpiar el coche cuando se lavan junto al resto de la colada: si han retenido suavizante, parte de esos restos puede transferirse al cristal en la siguiente limpieza. De ahí que Carrasco no señale a la microfibra como el problema, sino a la forma en la que se ha lavado y preparado antes de volver a utilizarla. Por eso, "a la mayor parte de la gente le quedan esas marcas que no desaparecen ni insistiendo”.
Carrasco propone una medida bastante sencilla para evitarlo: no utilizar los mismos paños indistintamente por todo el vehículo. Lo recomendable es asignar algunas microfibras a la limpieza general del coche y dejar otras exclusivamente para los cristales, especialmente para la cara interior del parabrisas. De esta manera se reduce el riesgo de trasladar a una superficie tan delicada restos de productos o suciedad acumulados durante otras tareas de limpieza. No hace falta llenar el maletero de productos diferentes; en este caso, tener claro qué paño se utiliza para cada zona puede ser mucho más importante.
También hay que prestar atención a cómo se mantienen las propias microfibras. Para evitar que acumulen sustancias que después puedan acabar sobre el cristal, Carrasco aconseja lavarlas con el mismo jabón o detergente neutro empleado para limpiar la carrocería y prescindir del suavizante. Una vez terminada la limpieza de los cristales, el proceso no debería darse por concluido: esos paños necesitan pasar de nuevo por la lavadora antes de quedar preparados para el próximo uso.
Además de la limpieza, en Wash Car recurren a un producto antivaho específico para tratar el parabrisas. Este tratamiento ayuda a evitar que el cristal se empañe y también retrasa la acumulación de nuevas películas de grasa sobre su superficie. Como explica Carrasco: “No se trata solo de que el cristal quede brillante, sino de mantener la visibilidad durante más tiempo para asegurar una conducción más cómoda y, sobre todo, más segura”. Y puede comprarse en tiendas especializadas de automóvil o por internet.
El parabrisas puede engañar a simple vista
Hay suciedad que no se descubre hasta que las condiciones de luz cambian. Eso es precisamente lo que ocurre con muchos residuos acumulados en la cara interior del parabrisas: con una iluminación homogénea apenas se perciben, pero al recibir el sol de frente o una luz intensa pueden convertirse en reflejos y velos que interfieren en la visión.
Según explica Carrasco, es habitual que sus clientes noten la diferencia después de realizar una limpieza adecuada de esta superficie. El detalle resulta significativo porque el parabrisas suele quedar relegado frente a otras tareas más evidentes, como limpiar la carrocería o retirar el polvo del salpicadero. Sin embargo, de poco sirve tener el resto del coche impecable si el cristal a través del que debemos mirar acumula una película que dificulta la visibilidad.
En cuanto a la frecuencia, Carrasco aconseja dedicar unos minutos a esta tarea cada dos semanas. Su recomendación es hacerlo en seco y aprovechar los momentos en los que el cristal esté templado por el sol, ya que así se consigue un mejor resultado. “Entonces es cuando la gente se sorprende al ver la diferencia cuando lo limpia bien por dentro y con cierta regularidad. El cristal parece nuevo y se nota enseguida al conducir cuando se refleja el sol en el parabrisas”, explica el especialista.
Fotografías | Motorpasión México, pvproductions, Magnific
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