Un agricultor entierra dos calzoncillos de algodón en su granja y demuestra que el suelo sano se los come, lo que es más positivo para el ecosistema

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El experimento resume de forma muy visual la importancia de cuidar la vida microscópica que existe bajo nuestros pies

A veces, para explicar algo tan complejo como la salud del suelo no hacen falta sofisticados análisis de laboratorio. En la granja Lark Rise, situada en Barton, al sur de Cambridgeshire (Inglaterra), el agricultor Tim Scott decidió recurrir a un objeto tan cotidiano como inesperado: un par de calzoncillos largos de algodón.

La idea era sencilla. Enterrar dos prendas prácticamente idénticas en dos zonas diferentes de la explotación y comprobar qué ocurría con ellas con el paso del tiempo. La experiencia fue recogida por Cambridge Independent, medio de origen de esta información, y el resultado sorprendió incluso al propio agricultor.

Dos prendas, dos tipos de suelo

Tim Scott enterró el primero, reconocible por su estampado de un tractor verde, en una parcela que llevaba tiempo trabajándose mediante agricultura regenerativa. Allí no se había utilizado el arado y la siembra se había realizado directamente sobre el terreno.

Esta forma de trabajar evita remover de manera habitual las capas superficiales de la tierra y permite conservar mejor su estructura. También contribuye a mantener las comunidades de microorganismos que habitan en ella, esenciales para numerosos procesos naturales.

Dos meses después, el experimento había dado un resultado contundente: el algodón prácticamente había desaparecido. Los organismos presentes en el suelo habían degradado la mayor parte de la prenda y únicamente permanecían la cinturilla elástica y la etiqueta.

El segundo, con un tractor rojo para diferenciarlo, fue enterrado en otra zona de la misma explotación. En este caso se trataba de una parcela que había sido arada después de varios años de agricultura regenerativa.

La diferencia entre ambas prendas fue evidente. Mientras que la primera prenda había sido literalmente consumida por la actividad biológica del suelo, la segunda apenas había sufrido cambios. Tanto es así que, después de retirarla y lavarla, Scott consideró que incluso podría haberse vuelto a utilizar. "Los microbios del campo de cultivo regenerativo literalmente se han comido mis pantalones", dijo.

De hecho, el propio agricultor reconoció su sorpresa ante el resultado. "No puedo creer la diferencia entre los dos pares de pantalones después de solo dos meses. Los microbios del campo de cultivo regenerativo literalmente se han comido mis pantalones", dijo Tim.

La comparación no terminó ahí. Scott explicó qué había sucedido en la segunda parcela y por qué considera que el experimento resulta tan ilustrativo. "El segundo par está intacto. Aré esa zona en febrero de 2022, lo que demuestra la gran diferencia que esa alteración ha supuesto para los microbios. Queremos que el suelo trabaje a nuestro favor, y esto demuestra que al ararlo estamos eliminando los microorganismos necesarios para crear un suelo sano", afirmó.

El experimento, por tanto, no pretende convertir unos calzoncillos enterrados en una prueba científica aislada, sino utilizar un ejemplo visual y fácil de comprender para mostrar la actividad biológica que existe en un suelo saludable.

¿Qué cuentan unos calzoncillos sobre la salud de la tierra?

Aunque pueda parecer una ocurrencia, la descomposición de una prenda de algodón está relacionada con un proceso fundamental en cualquier ecosistema: la actividad de los microorganismos del suelo.

Bacterias, hongos y otros organismos participan en la descomposición de la materia orgánica y en el reciclaje de nutrientes. Gracias a ellos, diferentes elementos regresan al suelo y pueden volver a estar disponibles para las plantas.

Por eso, un terreno con una intensa actividad microbiana puede considerarse un ecosistema vivo y dinámico. En la agricultura regenerativa, precisamente, uno de los objetivos es favorecer esas condiciones mediante prácticas que reduzcan la alteración del suelo, mantengan su estructura y aumenten su biodiversidad.

Un suelo sano también beneficia al paisaje

La importancia de mantener vivos los suelos va mucho más allá de conseguir mejores cosechas. El terreno funciona como una pieza esencial dentro del equilibrio de los ecosistemas.

Un suelo saludable ayuda a regular el ciclo de nutrientes, favorece el crecimiento de las plantas y puede resistir mejor procesos de degradación como la erosión. También tiene capacidad para filtrar y almacenar agua de manera más eficiente y desempeña un papel importante en la captura de carbono.

Imagen de portada | Foto de Rick van der Haar en Unsplash

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