
Con un sustrato ácido, una maceta adecuada y un riego constante, esta planta puede producir frutos durante años tanto en una terraza como en un jardín
En la onda de la fiebre healthy, los arándanos llevan tiempo ganando protagonismo en jardines, huertos urbanos y terrazas. Además de ser una de las frutas más apreciadas del verano, también pueden cultivarse en casa con relativa facilidad si se respetan algunas de sus contadass necesidades básicas.
Eso sí, no basta con plantar una mata y esperar: el tipo de tierra, el riego o la ubicación marcarán la diferencia entre una planta llena de frutos y otra que apenas crece.
Uno de los primeros pasos consiste en elegir una variedad adecuada. La empresa especializada La Fontona Berries recomienda en sus redes variedades de arándano alto (Vaccinium corymbosum), como Bluecrop o Duke, muy utilizadas por su buena producción y su facilidad de cultivo.
Aunque lo más habitual es comprar una planta en un vivero, también es posible comenzar desde semilla. Uun método sencillo para extraerlas consiste en partir un arándano, frotarlo sobre papel de cocina para que las semillas queden adheridas, dejarlas secar unos días y conservarlas posteriormente en el frigorífico durante unas seis semanas antes de sembrarlas.
Para germinarlas, se recomienda utilizar un recipiente con sustrato ácido previamente humedecido. Las semillas se colocan sobre un papel absorbente que después se cubre con una fina capa de tierra. El recipiente debe permanecer en un lugar luminoso, sin sol directo intenso, y con el sustrato siempre húmedo. La germinación puede tardar hasta tres meses.
Quienes prefieran plantar directamente un ejemplar ya desarrollado pueden hacerlo desde finales del otoño hasta finales del invierno. El horticultor Toni Jardón, del canal La Huertina de Toni, aconseja preparar un suelo ácido y con buen drenaje, abrir un hoyo amplio, colocar la planta a la misma profundidad que tenía en la maceta y regar abundantemente tras el trasplante.
Uno de los aspectos más importantes es el recipiente. Se recomienda utilizar macetas de al menos 20 litros de capacidad para que las raíces dispongan de espacio suficiente. También aconseja elevar ligeramente la maceta para favorecer el drenaje y evitar el exceso de humedad en la base.
Una mezcla con perlita y humus de lombriz
El sustrato también resulta determinante. Los arándanos son plantas acidófilas, por lo que necesitan una tierra con pH bajo. Así, una mezcla con perlita, vermiculita, humus de lombriz y compost mejora tanto el drenaje como el desarrollo de las raíces.
La ubicación dependerá del clima. En zonas templadas agradecen varias horas de sol al día, mientras que en regiones donde el verano es especialmente caluroso es preferible situarlos en semisombra para evitar el exceso de estrés térmico.
El riego debe ser regular, pero sin encharcar. Se recomienda comprobar la humedad introduciendo un dedo en el sustrato antes de volver a regar. Durante la floración también es aconsejable aplicar un fertilizante específico para plantas acidófilas y cubrir la superficie con corteza de pino, una técnica que ayuda a conservar la humedad y mantener la acidez del suelo durante más tiempo.
Fotos | En Pexels: Mark Stebnicki y Joshua Woroniecki
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