Clara Sanz, florista: "Las lavandas vienen en macetas tan pequeñas que son todo raíces y no pueden crecer"

lavanda

Con estos cuidados básicos, la planta puede volver a llenarse de hojas

La lavanda es una de las plantas más apreciadas para decorar terrazas y balcones. Su aroma inconfundible, sus espigas violetas y su resistencia la convierten en una de las favoritas de quienes buscan llenar de vida cualquier espacio exterior. Sin embargo, es muy habitual que, apenas unos meses después de comprarla, su aspecto cambie por completo: pierde flores, las ramas se secan y adquiere un aspecto apagado que hace pensar que no tiene solución.

Pero, según explica la florista Clara Sanz (@lamodernaruralshop), en la mayoría de los casos el problema no es la planta, sino las condiciones en las que llega a casa y los cuidados que recibe durante las primeras semanas.

"La lavanda no está fea, está feísima", afirma con humor al analizar el estado de una planta completamente deteriorada. Detrás de ese aspecto descuidado, sin embargo, hay una explicación muy sencilla.

El principal problema está en la maceta

Uno de los errores más frecuentes comienza incluso antes de que la planta llegue al hogar. Las lavandas que se venden en viveros y centros de jardinería suelen cultivarse en recipientes muy pequeños para facilitar su transporte y comercialización. El inconveniente es que permanecen tanto tiempo en esos contenedores que terminan desarrollando un cepellón completamente saturado de raíces. "Y es que, las lavandas necesitas mucho sol y las macetas en las que vienen son tan pequeñas que todo son raíces y no pueden crecer", dice.

En estas condiciones, las raíces apenas disponen de espacio para seguir creciendo, tienen dificultades para absorber agua y nutrientes y la planta acaba debilitándose poco a poco. Aunque desde el exterior todavía conserve algunas flores, su desarrollo queda prácticamente bloqueado. Por eso, el primer paso tras la compra debería ser trasplantarla cuanto antes.

Antes de trasplantar, toca sanear la planta

Cuando una lavanda presenta numerosas ramas secas, no basta con cambiarla de maceta. Clara Sanz recomienda comenzar eliminando toda la parte muerta de la planta. "Cuando ya este saneada, toca trasplantarla a una maceta más grande, que si es de cerámica con buen drenaje, mucho mejor", recomienda.

Aunque pueda parecer una poda demasiado drástica, retirar las ramas secas favorece la aparición de nuevos brotes y permite que la planta concentre su energía en el crecimiento saludable. En ocasiones, puede ser necesario eliminar casi la mitad del volumen de la lavanda para devolverle su vigor.

Una maceta más grande marca la diferencia

El trasplante es clave para que la lavanda vuelva a desarrollarse con normalidad. Lo ideal es elegir un recipiente bastante más amplio que el original, donde las raíces dispongan de espacio suficiente para expandirse.

Además del tamaño, el material también influye. Las macetas de cerámica son una excelente opción porque ayudan a mantener una temperatura más estable en el sustrato y favorecen la evaporación del exceso de humedad, algo especialmente importante en una especie mediterránea como la lavanda.

Eso sí, el recipiente debe contar siempre con un buen sistema de drenaje. El encharcamiento es uno de los mayores enemigos de esta planta y puede provocar la pudrición de las raíces en muy poco tiempo. "Y si puedes trasplantarla al suelo para que desarrolle un buen sistema de raíces, y la dejas al sol, empezará a regalarte otra vez un montón de flores", concluye la experta.

Fotografía de portada | Vía @lamodernaruralshop

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