
Esta popular planta tropical necesita mucha luz, humedad y temperaturas templadas, pero uno de los errores más habituales puede acabar pudriendo sus raíces
El anturio (Anthurium) se ha convertido en una de las plantas de interior más reconocibles por sus grandes hojas verdes y sus llamativas brácteas, generalmente rojas y con forma de corazón. Aunque suelen confundirse con flores, estas estructuras son en realidad hojas modificadas.
Una de las ventajas del anturio es que puede mantener la floración durante largos periodos si encuentra las condiciones adecuadas. Y, pese a su apariencia exótica, no es una planta especialmente difícil de cuidar: buena iluminación, temperaturas templadas y un riego controlado son sus principales necesidades.
Mucha luz, pero cuidado con el sol
El mejor lugar para colocarlo es una habitación luminosa donde reciba luz natural indirecta. Puede estar cerca de una ventana, pero conviene evitar que el sol incida directamente sobre sus hojas durante horas, ya que puede provocar quemaduras. Por el contrario, demasiada sombra puede reducir la floración y ralentizar su crecimiento.
Al tratarse de una planta de origen tropical, agradece temperaturas de entre 18 y 28 grados. También conviene mantenerla alejada de corrientes frías y evitar colocarla directamente frente al aire acondicionado.
El riego, el punto más delicado
Uno de los errores más frecuentes es regarla demasiado. El sustrato debe conservar cierta humedad, pero nunca permanecer constantemente empapado, porque el encharcamiento puede terminar pudriendo las raíces. Asimismo, en los meses más cálidos puede necesitar uno o dos riegos semanales, mientras que durante el invierno normalmente se pueden espaciar.
El anturio también agradece una humedad ambiental elevada. En casas especialmente secas puede colocarse la maceta sobre una bandeja con piedras húmedas, procurando que la base no quede sumergida en el agua.
Lo que dicen sus hojas
Las hojas amarillas pueden ser una señal de exceso de riego o problemas de drenaje, aunque también pueden aparecer por falta de luz, frío o carencias nutricionales. Las puntas marrones y secas, por su parte, suelen relacionarse con una humedad ambiental baja, falta de agua, exceso de sol o proximidad a fuentes de calor.
También conviene revisar periódicamente sus hojas ante posibles plagas como cochinillas, pulgones, araña roja o mosca blanca. Mantenerlas limpias con un paño húmedo ayuda a retirar el polvo y, de paso, permite detectar cualquier problema antes de que vaya a más.
Fotos | En Pexels: fei wang y Phil Mitchell.
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