Un experto explica cómo el riego, la luz y el mantenimiento influyen en su floración
El geranio lleva años instalado en balcones y terrazas como una apuesta segura. Resistente, vistoso y agradecido, al menos sobre el papel. Porque en la práctica, es también una de las plantas que más errores acumula en su cuidado cotidiano.
Uno de los fallos más repetidos tiene que ver con el riego. Según explica en redes el experto en jardinería Adrián de la Torre, no conviene esperar a que el sustrato esté completamente seco, especialmente en primavera y verano. Ese retraso, que parece prudente, puede debilitar la planta más de lo que se piensa.
Cuidado al exceso de humedad
Ahora bien, el exceso tampoco ayuda. El geranio no tolera el encharcamiento, y sus raíces son especialmente sensibles a la humedad acumulada. Regar sin control o sin comprobar el estado de la tierra puede acabar provocando el efecto contrario al deseado.
La clave está en encontrar el equilibrio. Lo más recomendable es regar cuando la capa superficial del sustrato empieza a secarse, sin dejar que la planta llegue a pasar sed. "Si tenemos el geranio muchas horas al sol necesitamos que esté bien hidratado", asegura.
Un truco sencillo es introducir un palillo en la tierra: si sale húmedo, todavía no toca regar. "Para que se mantenga el geranio lo ideal es no esperar demasiado sobre todo en la temporada primavera verano a que se seque el sustrato"
Seis horas de sol directo
La luz juega otro papel decisivo. Para florecer con fuerza, el geranio necesita al menos seis horas de sol directo al día. Pero incluso aquí hay matices: una exposición continua y sin descanso, sobre todo en verano, puede acabar quemando la planta.
Por eso, lo ideal es combinar sol y sombra, permitiendo que reciba luz suficiente sin someterla a las horas más duras del día. Es un equilibrio similar al del riego: ni exceso ni defecto.
El mantenimiento también influye más de lo que parece. Retirar flores marchitas y hojas secas no es solo una cuestión estética, sino una forma de ayudar a la planta a concentrar su energía en nuevas floraciones.
Fertilización necesaria
Durante los meses de mayor actividad, además, conviene aportar abono de forma regular, aproximadamente una vez al mes. Es un refuerzo sencillo que puede marcar la diferencia en el aspecto final.
En invierno, el ritmo cambia. El geranio entra en una fase más tranquila y necesita menos agua y más protección frente al frío. Una poda ligera y resguardarlo de las heladas ayuda a que llegue en mejores condiciones a la siguiente temporada.
Fotos | @delatorre.artefloral/Mike Bird/Pexels y Gene Samit/Pexels.
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