
Dormir bien también empieza por algo tan cotidiano como meterse cada noche en una cama limpia, seca, ventilada y agradable
Hay una pregunta que se repite cada cierto tiempo en cualquier hogar: ¿cada cuánto deberíamos cambiar las sábanas? Aunque pueda parecer una cuestión relacionada únicamente con la limpieza y las rutinas domésticas, la frecuencia con la que renovamos la ropa de cama también puede influir en la higiene del dormitorio y en la calidad del descanso.
Sobre esta cuestión se ha pronunciado Álvaro Fernández (@farmaceuticofernandez), farmacéutico y divulgador en TikTok, que ha explicado en Directo al grano de RTVE cuál sería la frecuencia más recomendable para mantener las sábanas en buenas condiciones. Su respuesta establece una pauta sencilla que puede servir como referencia para la mayoría de los hogares: una vez por semana.
"La recomendación estándar es cambiarlas una vez a la semana o como mucho cada diez días", señala el profesional. Una regla fácil de recordar, aunque no necesariamente válida para todas las situaciones. Y es que, según explica Fernández, hay determinados hábitos y circunstancias que hacen recomendable adelantar el cambio.
La semana no siempre es el límite
Aunque siete días pueden servir como referencia general, la frecuencia debería adaptarse a las circunstancias de cada persona. No es lo mismo dormir solo, no tener mascotas y pasar una noche tranquila que compartir la cama con un animal o atravesar un proceso de enfermedad.
"Si uno está enfermo hay que cambiarlas con más frecuencia, si duermes con el gato o el perro, probablemente una semana sea demasiado tiempo para mantener las mismas sábanas y luego, depende de lo que cada uno haga en la cama, hay detalles que pueden cambiar la frecuencia", explica Fernández.
La temperatura, la sudoración, los hábitos personales o el hecho de compartir la cama son algunos de los factores que pueden hacer necesario modificar esa rutina. Por eso, más que establecer un calendario idéntico para todo el mundo, la recomendación pasa por observar las condiciones en las que utilizamos la ropa de cama.
En verano, por ejemplo, cuando las noches son más cálidas y aumenta la sudoración, puede ser especialmente importante prestar atención al estado de las sábanas. También quienes practican ejercicio intenso, tienen determinados problemas de sudoración o duermen con mascotas pueden necesitar lavarlas con mayor frecuencia.
El gesto que deberíamos hacer cada mañana
Cambiar las sábanas regularmente es importante, pero Fernández pone el foco también en un hábito muy sencillo que a menudo pasa desapercibido: airear la cama antes de hacerla.
Después de pasar varias horas durmiendo, las sábanas han estado en contacto directo con nuestra piel y pueden acumular humedad. Por eso, hacer la cama inmediatamente después de levantarse y dejarla completamente cubierta puede no ser la mejor opción. "Airearlas es fundamental las cambies o no", insiste el farmacéutico.
La recomendación es sencilla: al levantarnos, conviene retirar las sábanas y dejar que el dormitorio se ventile durante un rato antes de volver a colocar la ropa de cama en su sitio. Además de ayudar a reducir la humedad acumulada durante la noche, este pequeño gesto contribuye a mantener una sensación de frescor en el dormitorio.
No hace falta convertirlo en un complicado ritual doméstico. Abrir las ventanas y dejar la cama descubierta mientras realizamos otras tareas puede ser suficiente para incorporar esta costumbre a la rutina diaria.
Sábanas, humedad y ácaros
La importancia de airear la cama tiene que ver también con lo que sucede durante las horas de sueño. Nuestro cuerpo desprende calor, sudor y células de la piel, elementos que quedan en contacto con las sábanas y el colchón. Fernández advierte de que la ropa de cama puede acumular humedad y células muertas, creando unas condiciones que favorecen la presencia de ácaros.
"En la cama se queda muchas células y es un caldo de cultivo perfecto para la proliferación de ácaros que son los responsables de muchas alergias", informa el farmacéutico.
Ayudarnos a dormir mejor
Más allá de la higiene, existe otro factor que puede parecer menos importante, pero que tiene mucho peso en la experiencia cotidiana: la sensación de acostarse en una cama recién hecha y con sábanas limpias. Álvaro Fernández lo resume de una manera muy sencilla: "Además, la sensación de sábanas limpias es muy agradable y está demostrado que ayuda a conciliar el sueño".
Y es que el dormitorio no es únicamente un espacio que debemos mantener limpio; también es el lugar destinado al descanso. La ropa de cama, el colchón, la iluminación, la temperatura y hasta el tacto de los tejidos contribuyen a crear ese ambiente de confort que asociamos con la hora de dormir.
Por eso, renovar las sábanas periódicamente puede convertirse también en una pequeña rutina de bienestar. Un juego de algodón fresco, una cama bien ventilada y un dormitorio ordenado pueden marcar la diferencia a la hora de crear un entorno más agradable.
Fotografías | Foto de Liz Vo en Unsplash | Vía @farmaceuticofernandez
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