La respuesta está en las curvas, la adaptación inteligente y en no renunciar a lo que hace de la cocina el verdadero corazón de la casa
En el diseño de cocinas, uno de los errores más habituales es dar por perdidas ciertas ideas cuando el espacio presenta obstáculos aparentes. Ventanas mal situadas, pilares o pasos estrechos suelen convertirse en límites infranqueables cuando en realidad pueden ser el punto de partida de soluciones mucho más interesantes.
Así lo explica Miguel Gómez (@formas_cocinas), experto en diseño de cocinas, que propone una alternativa inteligente para uno de los dilemas más comunes: la península que coincide con una ventana.
Península y ventana, un choque frecuente
En el proyecto que analiza Miguel Gómez, la península se encontraba directamente frente a una ventana, lo que suponía un conflicto evidente, impedir su apertura y dificultar la entrada de luz natural. La solución más habitual en estos casos suele ser tajante: eliminar la península y optar por una distribución más convencional.
Sin embargo, renunciar a este elemento implica perder superficie de trabajo, almacenaje y un espacio social clave dentro de la cocina. "Cuando una península se pega a una ventana, lo fácil es decir que no se puede", señala el experto. Pero no siempre es necesario elegir el camino más simple.
Curvas que se adaptan al espacio
La propuesta pasa por repensar la forma de la península. En lugar de líneas rectas que chocan con el hueco de la ventana, se optó por un diseño curvilíneo, adaptado exactamente al espacio disponible. Esta solución permite respetar la ventana, mantener su funcionalidad y, al mismo tiempo, conservar la península.
El encuentro entre ambos elementos se suaviza gracias a las curvas, que no solo resuelven el problema técnico, sino que además aportan un valor estético añadido. El resultado es una cocina más fluida, visualmente ligera y mucho más armoniosa.
Un decrecer de barra bien pensado
Otro de los aspectos clave del diseño fue el llamado decrecer de la barra. Esta ligera reducción progresiva de la profundidad permitió optimizar el espacio sin sacrificar comodidad. Gracias a este recurso, la península sigue ofreciendo hasta tres plazas para comensales, manteniendo su función como punto de encuentro, desayuno o comidas informales.
De este modo, la ventana deja de ser un obstáculo para convertirse en una aliada, aporta luz natural, sensación de amplitud y un telón de fondo perfecto para una zona que invita a sentarse y disfrutar.
Diseño que respeta la luz y el uso diario
Más allá de la solución técnica, esta propuesta pone en valor una idea fundamental en el diseño contemporáneo de cocinas, no imponer el mueble al espacio, sino adaptarlo a él. Las formas curvas respetan el paso, evitan golpes y favorecen una circulación más natural, algo especialmente importante en estancias muy utilizadas. Además, mantener la entrada de luz natural sin renunciar a la península mejora tanto la funcionalidad como el confort visual del espacio.
Imagen de portada | Miguel Gómez
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