
Esta transformación demuestra que una cocina de los años 80 no tiene por qué acabar en una reforma integral
Hay cocinas que no necesitan una reforma integral para volver a parecer nuevas. A veces basta con actuar sobre uno de sus elementos más visibles: el frente de la encimera. Eso es precisamente lo que se ha hecho en esta cocina, que partía de una estética muy marcada por los años 80 y que, con una intervención sencilla y económica, ha conseguido un cambio de imagen espectacular.
El resultado salta a la vista: donde antes había un revestimiento de pequeño formato y una estética más oscura y desactualizada, ahora encontramos un frontal blanco tipo azulejo metro, mucho más luminoso, limpio y contemporáneo. Y lo mejor es que no ha sido necesario levantar el revestimiento existente ni realizar una obra.
Una transformación pensada para gastar poco
La clave de esta renovación está en los azulejos vinílicos adhesivos, una solución especialmente interesante para quienes quieren actualizar una cocina sin asumir el coste, el tiempo y las molestias de una reforma tradicional.
Además de resultar económicos, este tipo de revestimientos permiten modificar fácilmente el aspecto de una pared y, en determinadas superficies, retirarlos posteriormente sin dejar marcas importantes, por lo que son una alternativa especialmente práctica cuando no se quiere hacer una intervención permanente.
Per antes de colocar cualquier revestimiento adhesivo, hay una tarea imprescindible: preparar correctamente la superficie. La intervención comienza aplicando quitagrasas sobre el frontal de la cocina. Es un paso fundamental, especialmente en esta zona, ya que con el paso del tiempo se acumulan restos de grasa y suciedad que pueden impedir que el adhesivo se fije correctamente.
Después, se aclara la superficie con una bayeta de microfibra húmeda y se deja secar completamente. La pared debe quedar limpia, seca y libre de restos que puedan comprometer la adherencia. Una buena preparación es, en este tipo de trabajos, tan importante como la colocación del propio revestimiento.
El siguiente paso consiste en retirar la antigua canaleta. Al quitarla, quedan restos de adhesivo en la pared que también hay que eliminar. Para ello, se utiliza una rasqueta, trabajando con cuidado hasta conseguir que la superficie quede lo más lisa posible. El objetivo es evitar que las irregularidades terminen marcándose bajo el nuevo revestimiento. Una vez preparado el frontal, llega el momento que realmente cambia la cocina.
Azulejos vinílicos
La elección ha sido un revestimiento vinílico que imita pequeños azulejos blancos tipo metro. Su diseño aporta una estética mucho más actual y, sobre todo, consigue que la zona de trabajo gane luminosidad. La colocación resulta relativamente sencilla. Se empieza por una esquina y se va avanzando progresivamente por todo el frontal.
Una de las grandes ventajas de este material es que no requiere herramientas especiales. Para adaptar las piezas a las dimensiones de la pared basta con utilizar un cúter o unas tijeras, realizando los cortes necesarios.
También hay que prestar especial atención a los puntos más complicados, como los enchufes. En lugar de convertirlos en un obstáculo, se recorta cuidadosamente el vinilo para adaptarlo a su forma y se van completando los huecos con pequeñas piezas del mismo revestimiento. El resultado es un frontal visualmente continuo, con el aspecto de una pared recién renovada.
Madera, plantas y luz
Una vez terminado el trabajo principal, llega la parte decorativa. Para romper con el predominio del blanco y aportar calidez, se incorporan unas tablas de madera colocadas delante de la zona del enchufe. La madera introduce una textura natural que contrasta con el revestimiento y ayuda a que el conjunto resulte más acogedor.
También se añade una pequeña planta en una cesta de fibras naturales, un recurso sencillo para introducir un toque de verde y suavizar la estética de una cocina dominada por superficies duras.
Y hay un último elemento que consigue transformar especialmente el ambiente: la iluminación LED bajo los armarios. Estas luces crean puntos de iluminación indirecta sobre la encimera y aportan profundidad al conjunto. Además de resultar prácticas para trabajar en la zona de cocina, consiguen por la noche un ambiente mucho más cálido y decorativo.
Imágenes | Vía @withbrushandpaper
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