
La marquesa de Griñón apuesta por un gran cabecero tapizado, tonos neutros, textiles superpuestos y dos enormes obras de arte para crear una habitación serena y elegante
Los colores nude y naturales son tendencia total, también en los hogares de los famosos. Tamara Falcó ha dejado ver en sus redes sociales algunos rincones de la casa que comparte con Íñigo Onieva. Entre ellos está su dormitorio, una estancia en la que prácticamente desaparecen los colores intensos para dejar todo el protagonismo a los blancos, beiges, arenas y suaves tonos empolvados.
La cama concentra buena parte de la decoración. Un cabecero tapizado de grandes dimensiones y en blanco roto crea una superficie continua detrás de ella y refuerza esa sensación envolvente propia de algunas habitaciones de hotel.
Sin capitoné
Este bonito y austero cabezal no necesita capitoné, estampados ni grandes adornos: son el tamaño y el tejido los que aportan presencia, y basta con esto para generar un diseño de interiores audaz.
Para evitar que una paleta tan clara resulte fría, Falcó recurre a uno de los recursos más sencillos de copiar en casa: vestir la cama por capas. Almohadas, cojines y mantas se superponen combinando blanco, beige y rosa empolvado, mientras que unos cojines con dibujos rojizos introducen pequeñas dosis de contraste.
El poder de las molduras
También hay detalles arquitectónicos que elevan el conjunto sin recargarlo. Una moldura recorre el perímetro del techo, aportando un punto clásico que contrasta con las líneas más sencillas del cabecero. Las cortinas largas y claras, por su parte, filtran la luz y mantienen la misma continuidad cromática.
Junto a la cama aparece una de las piezas que rompe discretamente con esa sobriedad: una pequeña mesa auxiliar redonda de cristal con una base dorada de inspiración vegetal. Libros, flores y una lámpara con pantalla textil completan este rincón y aportan una sensación más vivida y personal.
Suave oda al arte
El arte también tiene un papel importante. En una de las paredes cuelgan dos obras de gran formato colocadas una junto a otra. En lugar de recurrir a cuadros muy coloridos, siguen prácticamente la misma gama del dormitorio y utilizan los relieves y las líneas para generar profundidad.
El resultado combina elementos clásicos como molduras, dorados, flores y lámparas de pantalla con otros más contemporáneos, como el cabecero depurado y las obras abstractas.
Se trata de una fórmula que demuestra que un dormitorio neutro no tiene por qué resultar plano si se juega con texturas, volúmenes y materiales diferentes. En su caso, con una planificada ausencia de color, la adición de esas capas y texturas resulta clave.
En este sentido, la idea más fácil de trasladar a cualquier casa pasa por que Tamara Falcó no llena el dormitorio de muebles ni de objetos. Utiliza pocas piezas, pero suficientemente grandes y con personalidad, dejando que los textiles y la iluminación hagan buena parte del trabajo.
Fotos | @tamara_falco
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